domingo, 10 de julio de 2016

Gaarder, el Mundo de Sofía, El empirismo


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-Los empiristas, o filósofos de la experiencia, más importantes fueron Locke, Berkeley y Hume. El primero fue el inglés John Locke, que vivió entre 1632-1704. Su libro más importante se tituló Ensayo sobre el conocimiento humano y fue publicado en 1690. Locke intenta aclarar dos cuestiones. En primer lugar pregunta de dónde recibe el ser humano sus ideas y conceptos. En segundo lugar si podemos fiarnos de lo que nos cuentan nuestros sentidos.

No tenemos ninguna idea innata sobre el mundo. En realidad no sabemos nada de este mundo en el que nos han colocado antes de haberlo visto, Si tenemos una idea o un concepto que no se puede conectar con hechos experimentados, se trata de un concepto o de una idea falsa.

Antes de captar algo con los sentidos, la conciencia está tan vacía y falta de contenido como la pizarra antes de en­trar el profesor en la clase. Locke también compara la concien­cia con una habitación sin amueblar. Pero luego empezamos a captar con los sentidos. Vemos el mundo a nuestro alrededor, saboreamos, olemos y oímos. Y nadie lo hace con más intensi­dad que los niños pequeños. De esta manera surgen lo que Locke llama «ideas simples de los sentidos». Pero la conciencia no sólo recibe esas impresiones externas de un modo pasivo. Algo sucede también dentro de la conciencia. Las ideas simples de los sentidos son elaboradas mediante el pensamiento, el razonamiento, la fe y la duda. Así surge lo que Locke llama “ideas de reflexión de los sentidos». Como ves, distingue entre «sentir» y «reflexionar». Pues la conciencia no es siempre una receptora pasiva. Ordena y elabora todas las sensaciones que entran poco a poco en la conciencia (...) Pero todo el material de nuestro conocimiento sobre el mundo entra al fin y al cabo por los sentidos. Por lo tanto, los conocimientos que no pueden derivarse de sensaciones simples, son conocimien­tos falsos y deben ser rechazados." 

Al menos podemos estar seguros de que lo que vemos y oímos, olemos y saboreamos es como verdaderamente lo sen­timos.

Sí y no. Esta es la segunda pregunta a la que Locke in­tenta contestar. Primero ha contestado a la pregunta dónde re­cibimos nuestras ideas y conceptos. Pero luego también se pre­gunta si el mundo realmente es como nosotros lo percibimos. Porque eso, Sofía, no resulta tan evidente. No hay que precipi­tarse demasiado. Eso es lo único que un filósofo no se puede permitir.

No digo nada.

Locke distinguía entre lo que llamaba cualidades «primarias» y «secundarias» de los sentidos. En este punto entronca con los filósofos anteriores a él, por ejemplo con Descartes.

–¡Explícate!

Con «cualidades primarias de los sentidos», se refiere a la extensión de las cosas; su peso, forma, movimiento, nú­mero. En cuanto a estas cualidades podemos estar seguros de que los sentidos reproducen las verdaderas cualidades de las cosas. Pero también captamos otras cualidades de las cosas. Decimos si algo es dulce o agrio, verde o rojo o frío o caliente. Locke llamaba a éstas «cualidades secundarias de los sentidos». Y estas sensaciones, como color, olor, sabor o sonido, no refle­jan las verdaderas cualidades que son inherentes a las cosas mismas, sino que sólo reflejan la influencia de la realidad exte­rior sobre nuestros sentidos. 

(...)

En la época de Hume estaba muy extendida la creencia de que había ángeles. Al decir «ángel», nos referimos a una fi­gura de hombre con alas. ¿Has visto alguna vez un ángel, Sofía?
No.
–¿Pero habrás visto una figura de hombre?
Qué pregunta más tonta.
–¿También has visto alas?
Claro que sí, pero nunca en una persona.
Según Hume, «ángel» es un concepto compuesto. Consta de dos experiencias diferentes que no están unidas en la reali­dad, pero que, de todos modos, en la imaginación del hombre han sido conectadas. Se trata pues de una idea falsa que inme­diatamente debe ser rechazada. De la misma manera tenemos que ordenar nuestros pensamientos e ideas. Hume djjo. «Cuan­do tenemos un libro en la mano, preguntémonos: ¿Contiene al­gún razonamiento abstracto referente a tamaños y cifras? No. ¿Contiene algún razonamiento de experiencia referente a he­chos y existencia? No. Entonces déjaselo a las llamas, pues no contiene nada más que pedantería y quimeras». 

(...)

Era bastante listo. ¿Qué pasa con Descartes que tenía una idea clara y nítida de Dios?
También a esta pregunta Hume te ofrece una respues­ta. Digamos que nos imaginamos a Dios corno un ser infinitamente «inteligente, sabio y bueno». Tenemos, pues, una idea «compuesta» que consta de algo infinitamente inteligente, algo infinitamente sabio y algo infinitamente bueno. Si nunca hubiéramos conocido la inteligencia, la sabiduría y la bondad, nunca podríamos haber tenido tal concepto de Dios. Quizás también esté en nuestra idea de Dios el que sea un «padre se­vero pero justo», es decir, una idea compuesta por «padre», «severo» y justo». Después de Hume, muchos críticos de la re­ligión han señalado que el origen de esa idea de Dios puede encontrarse en cómo percibíamos a nuestro propio padre cuando éramos pequeños. La idea de un padre ha conducido a la idea de un «padre en el Cielo», se ha dicho.

(...)

-Según Hume, «ángel» es un concepto compuesto. Consta de dos experiencias diferentes que no están unidas en la reali­dad, pero que, de todos modos, en la imaginación del hombre han sido conectadas. Se trata pues de una idea falsa que inme­diatamente debe ser rechazada. De la misma manera tenemos que ordenar nuestros pensamientos e ideas. Hume djjo. «Cuan­do tenemos un libro en la mano, preguntémonos: ¿Contiene al­gún razonamiento abstracto referente a tamaños y cifras? No. ¿Contiene algún razonamiento de experiencia referente a he­chos y existencia? No. Entonces déjaselo a las llamas, pues no contiene nada más que pedantería y quimeras».

(...)

–Espero que Hume no pretenda negar que yo soy yo. En ese caso se convierte en un mero charlatan.
–Sofía, hay una sola cosa que quiero que aprendas me­diante este curso de filosofía, y es que no debes precipitarte en sacar conclusiones.
–Sigue.
–No, tú misma puedes emplear el método de Hume pa­ra analizar lo que consideras tu «yo».
–Entonces debo, ante todo, preguntarme si la idea del «yo» es una idea simple o compuesta.
–¿A qué respuesta llegas?
–Tengo que admitir que me siento bastante «compues­ta». Por ejemplo, tengo muy mal genio. Y a veces me resulta di­fícil decidirme por algo. Además puede gustarme o disgus­tarme una misma persona.
–Entonces el concepto «yo» es una «idea compuesta».
–Vale. Ahora he de preguntarme si tengo una «impre­sión compuesta» correspondiente a mi propio «yo». La tendré. Supongo que la tengo constantemente.
–¿Hay algo que te hace dudar sobre este aspecto?
–Voy cambiando constantemente. No soy la misma hov que cuando tenía cuatro años. Tanto mi humor como mi juicio sobre mí misma cambian de minuto en minuto. De vez en cuando ocurre que me siento como una «nueva persona».
–De modo que esa sensación de tener un núcleo inalte­rable de personalidad es falsa.

(...)

-¿Cómo pue­des estar tan segura de que la piedra caerá siempre al suelo?
Lo he visto tantas veces que estoy completamente segura.
Hume diría que has experimentado muchas veces que una piedra cae al suelo. Pero no has experimentado que siempre caerá. Se suele decir que la piedra cae al suelo debido a la ley de la gravedad. Pero nunca hemos experimentado tal ley. Solamente hemos experimentado que las cosas caen.
–¿No es lo mismo?
No del todo. Dijiste que crees que la piedra caerá al suelo porque lo has visto muchas veces. Y ése es el punto clave de Hume. Estás tan acostumbrada a que una cosa suceda a otra, que siempre esperas que ocurra lo mismo cuando inten­tas soltar una piedra. Así surgen las ideas sobre lo que llama­mos leyes inquebrantables de la naturaleza. 

(...)

Hume no era cristiano, pero tampoco era un ateo convencido. Era lo que llamamos un ag­nóstico. 
–¿Y eso qué significa?
–Un agnóstico es alguien que no sabe si existe un Dios. Cuando Hume recibió en su lecho de muerte la visita de un amigo, el amigo le preguntó si no creía en una vida después de la muerte. Se dice que Hume contestó: «También es posible que un trozo de carbón puesto al fuego no arda». 
–¿Ah sí?
–La respuesta es típica de su falta total de prejuicios. Sólo aceptó como verdadero aquello sobre lo que tenía sen­saciones seguras. Y mantuvo abiertas todas las demás posibili­dades. 

(...)

También en lo que se refiere a la ética y la moral, Hu­me se rebeló contra el pensamiento racionalista. Los raciona­listas habían opinado que es inherente a la razón del hombre el saber distinguir entre el bien y el mal. Esta idea del llamado derecho natural está presente en muchos filósofos desde Sócrates hasta Locke. Pero según Hume, no es la razón la que de­cide lo que decimos y lo que hacemos.
–¿Entonces qué es?
Son nuestros sentimientos. Si te decides a ayudar a alguien necesitado de ayuda, son tus sentimientos, no tu razón, lo que te pone en marcha. 

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Hume, fragmentos de "Investigación sobre el Entendimiento Humano."







“Toda idea está copiada de alguna impresión o sentimiento que la precede, y allí donde no podamos hallar ninguna impresión, podemos tener la certeza de que no existirá ninguna idea.”


“Si cogemos cualquier volumen de Teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntemos:¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental acerca de cuestiones de hecho o existencia? No. Tírese entonces a las llamas, pues no puede contener más que sofistería e ilusión. “


“Preséntese un objeto a un hombre dotado de una poderosa razón natural y buenas capacidades; si ese objeto le fuera completamente nuevo no podría, ni por el más meticuloso examen de sus cualidades sensibles, descubrir ninguna de sus causas o efectos. Adán, aún en el caso de que le supusiéramos facultades racionales plenas desde su origen, no habría podido inferir la fluidez y transparencia del agua que le podría ahogar, o de la luz y el calor del fuego que le podría consumir. Ningún objeto revela por las cualidades que muestra a los sentidos, ni las causas que le produjeron ni los efectos que surgen de él, ni puede nuestra razón, sin la ayuda de la experiencia, extraer inferencia alguna sobre la existencia real de las cuestiones de hecho.”


“La proposición de que todas nuestras ideas no son más que copias de nuestras impresiones no admite mucha discusión; en otras palabras, es imposible que pensemos nada que no hayamos sentido anteriormente, ya sea a través de nuestros sentidos externos o internos.”


“Nos figuramos que si irrumpiéramos de repente en este mundo, podríamos inferir, desde el primer momento que una bola de billar comunica su movimiento a otra al impulsarla, y que no necesitaríamos esperar que el acontecimiento ocurriera para pronunciarnos con certeza acerca de él. Pero acaso ¿no puedo imaginar que otros cien acontecimientos diferentes podrían ser, igualmente, resultado de esa causa? ¿No puede la primera bola volver en línea recta o rebotar en la segunda en cualquier línea o dirección? Todas estas suposiciones son consistentes y concebibles. ¿Por qué, entonces, debiéramos dar preferencia a una que nos es más consistente o concebible que el resto? Ninguno de nuestros razonamientos a priori podrá jamás mostrarnos fundamento alguno para esta preferencia.”


“La primera vez que el hombre vio la comunicación del movimiento a través del impulso, como cuando chocan dos bolas de billar, no pudo decir que un evento estaba conectado al otro; sino tan solo que uno estaba unido al otro. Tras haber observado varios casos de la misma naturaleza, entonces es cuando dice que están conectados. ¿Qué ha cambiado para que surja esta nueva idea de conexión? Nada, salvo que él ahora siente que estos eventos están conectados en su imaginación, y que puede predecir al punto la existencia de uno de la aparición del otro. Así pues, cuando decimos que un objeto está conectado a otro, sólo significamos que han adquirido una conexión en nuestro pensamiento, y que da lugar a esta inferencia por la que cada uno se convierte en la prueba de la existencia del otro.” 


“Cuando sospechemos, pues, que un término filosófico se emplea sin ningún significado (…) solo tenemos que preguntar: ¿a partir de qué impresión se deriva esta supuesta idea? Y si resulta imposible asignarle alguna, esto confirmará nuestra sospecha."


"La idea de Dios, refiriéndonos a un ser infinitamente inteligente, sabio y bueno, surge de la reflexión sobre las operaciones de nuestra propia mente, y de aumentar sin límites aquellas cualidades de bondad y sabiduría” 


“Aquí radica la objeción más justa y más plausible contra una considerable parte de la metafísica: que en rigor no es una ciencia, sino que surge de los esfuerzos estériles de la vanidad humana, la cual desea penetrar en asuntos completamente inaccesibles para el entendimiento “

Hume


“Todos los materiales del pensar se derivan de nuestra percepción.”



1717-1776 d. C

A diferencia de la mayoría de los filósofos Hume era un hombre alegre, cordial y extrovertido, solterón eternamente codiciado por las mujeres y buen amigo. Le gustaba mostrarse en público y asistía a todas las fiestas. Sin embargo al mismo tiempo, se convirtió en una referencia intelectual para toda Gran Bretaña. Fue el escritor con más ejemplares vendidos en lengua inglesa y quien puso al empirismo en lo más alto de la filosofía.

Hume consideraba que el único fundamento de nuestro conocimiento es  la experiencia (el hábito, la costumbre) y que no hay más realidad posible para el hombre que sus propias percepciones o impresiones.

Un hombre que jamás haya visto una mesa de billar no podría saber cómo se juega, ni siquiera sabría en qué dirección saldrá la bola blanca luego de impactar con la negra. Del mismo modo pensamos que el sol va a salir mañana, pero podría perfectamente dejar de salir un día. Así concluye Hume que ni siquiera la ciencia es segura, porque esta también se basa en la observación y la costumbre. 

En cuanto a las ideas, creía que no eran más que un conglomerado de impresiones. Hay ideas que son válidas porque responden a una impresión. La idea de "rojo" por ejemplo tiene un correlato sensible. Pero hay ideas que son compuestas. La idea  "manzana", aunque no parezca, es una idea muy compleja. No tenemos la impresión de la “manzana”, dice Hume, tenemos la impresión de roja, de dulce, de arenosa, etc. 

Es más, si hilamos fino ( y Hume lo hace) ni siquiera podemos decir que la manzana es dulce, esta es solo una percepción subjetiva. Atribuimos nuestro modo de percibir a las cosas, pero en realidad no sabemos cómo son.

También podemos tener ideas complejas que no remitan a ningún correlato sensible.  De la impresión de montaña y la impresión de oro, podemos hacernos la idea de una montaña de oro, pero esta idea es falsa es solo un producto de nuestra imaginación. Lo mismo sucede con  la idea de Dios. Dice Hume: 

"La idea de Dios, refiriéndonos a un ser infinitamente inteligente, sabio y bueno, surge de la reflexión sobre las operaciones de nuestra propia mente, y de aumentar sin límites aquellas cualidades de bondad y sabiduría”
La crítica que realizó hume a las principales Ideas de la filosofía y la ciencia (Yo, causa-efecto, sustancia) produjo un quiebre en la historia de la filosofía, ya que hizo del conocimiento un mero producto subjetivo, basado en la percepción y a costumbre, y por lo tanto, algo incierto y arbitrario.


miércoles, 6 de julio de 2016

René Descartes, Meditaciones Metafísicas -selección de fragmentos-




A continuación algunos de los fragmentos más importantes de los dos primeros capítulos de las "Meditaciones Metafísicas"

Primera meditación. De las cosas que se pueden poner en duda

1. Hace ya algún tiempo que me di cuenta de que, desde mi infancia, había tenido por verdaderas numerosas opiniones falsas, y que lo construido posteriormente sobre principios tan poco firmes no podía dejar de ser altamente dudoso e incierto; de modo que debía emprender seriamente por una vez en mi vida la tarea de deshacerme de todas las opiniones que había tomado hasta entonces por verdaderas, y comenzar completamente de nuevo, desde los cimientos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias.

2. Pero, para cumplir tal designio, no será necesario probar que son todas falsas (…) lo que sería un trabajo infinito; sino que, ya que la ruina de los cimientos entraña necesariamente la de todo el edificio, me concentraré primero en los principios sobre los que todas mis antiguas opiniones se habían fundado.

3. Todo lo que hasta el presente he tenido como lo más verdadero y seguro lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos: ahora bien, a veces he experimentado que esos sentidos eran engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez.

4. Pero, aunque los sentidos nos engañen a veces, en lo referente a cosas poco perceptibles y muy alejadas, hay quizá muchas otras de las que no se puede razonablemente dudar, aunque las conozcamos a través de ellos: por ejemplo, de que estoy aquí, sentado cerca del fuego, vestido con una bata, sosteniendo este papel entre mis manos, y otras cosas de esta naturaleza. ¿Y cómo podría negar que estas manos y este cuerpo sean míos?

5. No obstante, tengo aquí que considerar que soy hombre y, en consecuencia, que tengo costumbre de dormir y de representarme en mis sueños las mismas cosas, o algunas menos verosímiles, que esos insensatos cuando están despiertos. ¿Cuántas veces he soñado, durante la noche, que estaba en este lugar, que estaba vestido, que estaba cerca del fuego, aunque estuviese completamente desnudo en mi cama? Me parece ahora que no miro este papel con ojos somnolientos; que esta cabeza que muevo no está adormilada; que extiendo esta mano intencionadamente y con un propósito deliberado, y que la siento: lo que ocurre en un sueño, sin embargo, no parece ser tan claro ni tan distinto como todo esto. Pero, pensándolo cuidadosamente, recuerdo haber sido a menudo engañado, mientras dormía, por semejantes ilusiones. Y deteniéndome en este pensamiento, veo tan manifiestamente que no hay indicios concluyentes, ni señales suficientemente seguras por las que se pueda distinguir claramente la vigilia del sueño, que me quedo totalmente asombrado; y mi asombro es tal, que es casi capaz de persuadirme de que duermo.

6. Supongamos ahora, pues, que estamos dormidos, y que todas esas particularidades, a saber: que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos las manos, y cosas semejantes, no son más que falsas ilusiones; y pensemos que quizás nuestras manos, y todo nuestro cuerpo, no sean tales como los vemos. No obstante, hay que confesar al menos que las cosas que se nos representan en el sueño son como cuadros y pinturas, que no pueden estar hechas más que a semejanza de algo real y verdadero; y que así, al menos, esas cosas generales, a saber: los ojos, la cabeza, las manos, y todo el resto del cuerpo, no son cosas imaginarias, sino verdaderas y existentes. Así, ciertamente, los pintores, incluso cuando se emplean con el mayor artificio en representar sirenas y sátiros mediante formas extrañas y extraordinarias, no les pueden atribuir, sin embargo, formas y naturalezas completamente nuevas; simplemente hacen una cierta mezcla y composición con los miembros de diversos animales; o bien, si acaso su imaginación fuera lo suficientemente extravagante como para inventar algo nuevo, tal que jamás hubiéramos visto nada semejante, y que así su obra nos representara algo puramente fingido y absolutamente falso, al menos es cierto que los colores que lo componen serían verdaderos.

7. De ese tipo de cosas es la naturaleza corporal en general, y su extensión; como lo es la figura de las cosas extensas, su cantidad o magnitud, y su número; y el lugar en el que están, el tiempo que mide su duración, y otras semejantes.

8. Por ello, no será, quizás, errónea nuestra conclusión si decimos que la física, la astronomía, la medicina y todas las demás ciencias que dependen de la consideración de cosas compuestas son altamente dudosas e inciertas; mientras que la aritmética, la geometría, y las demás ciencias de esta naturaleza, que sólo tratan de cosas muy simples y generales, sin preocuparse mucho de si se dan o no en la naturaleza, contienen algo de cierto e indudable. Pues, tanto si estoy despierto como si duermo, 2 y 3 sumarán siempre cinco, y el cuadrado nunca tendrá más de cuatro lados; y no parece posible que verdades tan manifiestas puedan ser sospechosas de ninguna falsedad o incertidumbre.

9. No obstante, hace mucho tiempo que tengo en mi mente cierta opinión según la cual hay un Dios que todo lo puede, y por quien he sido creado y producido tal como soy. Pero ¿quién podría asegurarme que ese Dios no ha hecho que no exista ninguna tierra, ningún cielo, ningún cuerpo extenso, ninguna figura, ninguna magnitud, ningún lugar, y que sin embargo yo tenga la percepción de todas esas cosas, y que todo eso no me parezca que exista de otro modo que yo lo veo? E incluso, como juzgo que a veces los demás se equivocan, aun en las cosas que creen saber con mayor certeza, podría ocurrir que hubiera querido que yo me equivoque cada vez que sumo 2 y 3, o cuento los lados de un cuadrado, o considero cualquier cosa aún más fácil, si es que podemos imaginar algo más fácil que eso. Pero quizás Dios no ha querido que fuese engañado de tal modo, ya que es soberanamente bueno.

10. Supondré que hay, pues, no un verdadero Dios, que es la soberana fuente de verdad, sino un cierto genio malvado, no menos astuto y engañador que poderoso, que ha empleado toda su industria en engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas exteriores que vemos no son más que ilusiones y engaños, de los que se sirve para sorprender mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como carente de manos, de ojos, de carne, de sangre, como carente de sentidos, pero creyendo falsamente tener todas estas cosas. Permaneceré obstinadamente ligado a este pensamiento; y si, de este modo, no está en mi poder alcanzar el conocimiento de verdad alguna, al menos estará en mi poder suspender el juicio. Por ello, evitaré cuidadosamente admitir en mi creencia ninguna falsedad, y prepararé tan bien a mi mente para todas las astucias de ese gran engañador que, por poderoso y astuto que sea, jamás podrá imponerme nada.



Segunda meditación. De la naturaleza de la mente humana: que es más fácil de conocer que el cuerpo

11 La meditación que hice ayer me ha llenado la mente de tantas dudas que, en adelante, ya no está en mí poder olvidarlas. Y sin embargo no veo de qué modo podría resolverlas; así, como si hubiera caído de repente en aguas muy profundas, me encuentro tan sorprendido que ni puedo asegurar mis pies en el fondo ni nadar para mantenerme en la superficie. No obstante, me esforzaré y seguiré, sin desviarme, por el mismo camino por el que había transitado ayer, alejándome de todo aquello en lo que pudiera imaginar la menor duda, al igual que haría si supiese que es absolutamente falso; y continuaré siempre por este camino hasta que encuentre algo cierto o, por lo menos, si no puedo hacer otra cosa, hasta que haya comprendido con certeza que no hay nada cierto en el mundo. Arquímedes, para mover el globo terrestre de su lugar y llevarlo a otro, sólo pedía un punto de apoyo firme y seguro. Del mismo modo podría yo concebir grandes esperanzas si fuera lo bastante afortunado como para encontrar una sola cosa que fuera cierta e indudable.

12. Supongo, pues, que todas las cosas que veo son falsas; y me persuado de que jamás ha existido nada de todo aquello que mi memoria, llena de mentiras, me representa; pienso que no tengo sentidos; creo que el cuerpo, la figura, la extensión, el movimiento y el lugar no son más que ficciones de mi mente. ¿Qué es, pues, lo que podrá estimarse verdadero? Quizá ninguna otra cosa excepto que no hay nada cierto en el mundo.

13. Pero ¿qué sé yo si no hay alguna  otra cosa diferente de las que acabo de considerar inciertas y de las que no puede caber la menor duda? ¿No hay algún Dios o cualquier otro poder que me ponga en la mente estos pensamientos? Eso no es necesario, ya que quizás sea yo capaz de producirlos por mí mismo. Pero, al menos, ¿no soy yo acaso alguna cosa? Pero ya he negado que tuviese sentidos o cuerpo alguno. Dudo, sin embargo, pues ¿qué se sigue de ello? ¿Dependo hasta tal punto de mi cuerpo y de mis sentidos que no pueda ser sin ellos? Pero me he persuadido de que no había absolutamente nada en el mundo: ni cielo, ni tierra, ni espíritus, ni cuerpos; ¿no me he persuadido, pues, de que yo no existía? No, ciertamente, probablemente exista, si me he persuadido, o solamente si he pensado algo. Pero hay un engañador, muy poderoso y muy astuto, que emplea toda su industria en que me engañe siempre. No hay pues duda alguna de que existo, si me engaña; y que me engañe tanto como quiera, que nunca podría hacer que yo no fuera nada mientras yo piense ser algo. De modo que, tras haberlo pensado bien y haber examinado cuidadosamente todas las cosas, hay que concluir finalmente y tener por establecido que esta proposición: "yo soy, yo existo" es necesariamente verdadera todas las veces que la pronuncio o que la concibo en mi mente.

14 Encuentro aquí que el pensamiento es un atributo que me pertenece: es el único que no puede ser separado de mí. "Soy, existo": esto es cierto; pero ¿durante cuánto tiempo? A saber: tanto tiempo mientras piense.

15 ¿Qué es, pues, lo que soy? Una cosa que piensa. ¿Y qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que concibe, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina, también, y que siente.


¿De qué podemos estar seguros? Descartes

En esta entrada analizaremos algunos fragmentos de los dos primeros capítulos del libro más famoso de Descartes, las "Meditaciones Metafísicas". Es allí donde el filósofo francés se plantea el objetivo de poner todos los saberes en duda en busca de una certeza absoluta.


Al comienzo del libro Descartes dice:
"Hace ya algún tiempo que me di cuenta de que, desde mi infancia, había tenido por verdaderas numerosas opiniones falsas, y que lo construido posteriormente sobre principios tan poco firmes no podía dejar de ser altamente dudoso e incierto; de modo que debía emprender seriamente por una vez en mi vida la tarea de deshacerme de todas las opiniones que había tomado hasta entonces por verdaderas, y comenzar completamente de nuevo, desde los cimientos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias."
La situación que describe no solo hace referencia a su experiencia personal, sino que alude a la situación que se estaba viviendo en Europa desde el siglo XVI. La humanidad había entrado en un profundo escepticismo a causa de los nuevos descubrimientos que dieron por tierra los antiguos saberes. 

Parte del propósito de estas "meditaciones" era encontrar un criterio para determinar qué cosas son verdaderas y que cosas son falsas, por eso decidió utilizar la duda como un método, es decir, como un medio para alcanzar alguna verdad que no pueda ser puesta en duda y que sirva de suelo firme para volver a construir nuevos y seguros saberes. 

Pero dudar absolutamente de todo hubiera sido una tarea infinita, es por eso que Descartes se propuso atacar directamente las fuentes del conocimiento:
"ya que la ruina de los cimientos entraña necesariamente la de todo el edificio, me concentraré primero en los principios sobre los que todas mis antiguas opiniones se habían fundado."
¿Y cuáles son esos principios o fuentes de las opiniones? según el filósofo francés son tres: la tradición (o educación), los sentidos y la razón. A partir de acá comienza el camino de la duda que pone a prueba estas tres fuentes del saber.

Del saber adquirido en las escuelas y las universidades, y de toda tradición en general, duda porque la historia ha demostrado que muchísimas creencias que el hombre mantuvo por siglos resultaron ser falsas, como la explicación geocéntrica del mundo, que sostenía que la tierra era el centro del universo, aceptada tanto por los antiguos filósofos (como Aristóteles), como por la Iglesia católica. Si la tradición falló tantas veces podría volver a fallar, por lo tanto no podemos confiar en ella.

Del saber obtenido a través de los sentidos duda porque frecuentemente los sentidos nos engañan. Dice en la primera meditación:
"Todo lo que hasta el presente he tenido como lo más verdadero y seguro lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos: ahora bien, a veces he experimentado que esos sentidos eran engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez."
Otro motivo para desconfiar de los sentidos es el fenómeno de los sueños, durante los cuales consideramos tan real aquello que vemos como en la vigilia, sin que podamos diferenciar claramente un estado de otro. Descartes lleva la duda al extremo y se pregunta:
"¿Y si todo esto que vemos, el mundo físico que describen los científicos, no fuera más que un sueño?... En los sueños y las alucinaciones también veo un mundo llenos de cosas que se mueven... ¿Cómo sé yo que todo este mundo que tengo ante mí no es una creación de mi mente? (...) ¿Cuántas veces he soñado, durante la noche, que estaba en este lugar, que estaba vestido, que estaba cerca del fuego, aunque estuviese completamente desnudo en mi cama? "

Goya. El sueño de la razón produce monstruos 

Sin embargo, en medio de tanto desconcierto es posible encontrar algunas verdades: incluso dentro de un sueño hay cosas que serían ciertas, como las figuras y los números. Por más que estemos soñando  2 + 2 seguirán siendo 4. 

Es por eso que del conocimiento obtenido por la razón resulta más difícil dudar. Si nos equivocamos al realizar operaciones matemáticas no puede atribuirse a la racionalidad, sino a nuestra falta de atención para resolverlas. Pero la razón, bien utilizada nos permite llegar a algunas conclusiones certeras, por ello concluye Descartes:
"no será, quizás, errónea nuestra conclusión si decimos que la física, la astronomía, la medicina y todas las demás ciencias que dependen de la consideración de cosas compuestas son altamente dudosas e inciertas; mientras que la aritmética, la geometría, y las demás ciencias de esta naturaleza, contienen algo de cierto e indudable."
Pero como el propósito de Descartes es poner en duda todo, hay que hacer un esfuerzo por dudar de esto también. ¿podríamos dudar acaso de que dos y dos sean cuatro? ¿Podríamos dudar de las verdades de la razón?

Es aquí donde Descartes introduce la famosa hipótesis del Genio Maligno, una hipótesis un tanto descabellada, pero que no deja de ser posible. Descartes comienza diciendo:
"No obstante, hace mucho tiempo que tengo en mi mente cierta opinión según la cual hay un Dios que todo lo puede"
Es cierto que esta idea proviene de la tradición, pero no deja de ser una posibilidad. Nosotros hemos sido creados, ahora bien, qué pasaría si en vez de haber sido creados por un Dios bueno, como el que plantea el cristianismo, hubiéramos sido creados por un Dios malvado? 

Para no enredarse en problemas religiosos (¿cómo puede Dios ser malvado?) sustituye la figura de Dios por la de un Genio Malvado: 
“podría existir un genio maligno, que a diferencia de Dios es un ser sumamente poderoso y perverso, que nos hizo deiformes para confundirnos en nuestros pensamientos y mantenernos así en el error”
Si nos hubiera creado un ser todo poderoso y malvado, ¿por qué confiar en nuestras capacidades? Ante esta hipótesis tampoco podríamos confiar en la razón, ya que esta puede ser hecha para engañarnos a nosotros mismos.

Es entonces cuando Descartes llega -gracias a la duda- a una profundidad extrema. Ya no podemos confiar en nada externo: ni en lo que nos enseñaron, ni en lo que percibimos ni en el resultado de nuestros razonamientos.

Sin embargo, a pesar de ello, hay algo de lo que no podríamos dudar… ¡De nuestra propia existencia! Si. Aún cuando el Genio maligno nos engañe en todo, para ser engañados es necesario que existamos:
"Tras haberlo pensado bien y haber examinado cuidadosamente todas las cosas, hay que concluir finalmente y tener por establecido que esta proposición: "yo soy, yo existo" es necesariamente verdadera todas las veces que la pronuncio o que la concibo en mi mente."
Si estamos dudando, si estamos pensando en que un ser podría estar engañándonos, es porque estamos existiendo. No importa cuánto me engañe ese supuesto genio, mientras más piense que me engaña, más seguro estoy de estar dudando. La misma duda, y nuestra actividad de pensar, es una prueba de nuestra existencia. Esta es la primer verdad que descubre Descartes, la certeza de que existimos, la certeza del "yo" pensante. A partir de ahora podrá comenzar a construir un nuevo sistema filosófico, más solido y seguro.

El descubrimiento de Descartes tiene una importancia enorme dentro de la historia de la filosofía. A partir de aquí la filosofía comenzó a poner la lupa en el sujeto, (en latín subjectum= el que subyace a todo lo que es) en ese "yo" que piensa y sus pensamientos y, por decirlo de alguna manera, el sujeto se convirtió en el nuevo objeto de conocimiento. ¿Y cómo no, si a partir de ahora el ser residirá en la conciencia del hombre? 



El análisis del Yo y la existencia de Dios

Una vez afirmada la propia existencia se pregunta ¿qué soy yo? y responde: una cosa que piensa. Definida esta como sustancia pensante Descartes ya tenía su “suelo firme” sobre el cual construir su nuevo sistema filosófico. Siguiendo los pasos del método, analizó el contenido del pensamiento: las ideas.

Entre ellas distinguió tres clases: las ideas ficticias: son producto de nuestra imaginación (como los centauros, las sirenas etc.) y siempre son falsas. Las ideas adventicias: parecen venir a nosotros desde afuera, a través de los sentidos. Pueden ser verdaderas o falsas. Y finalmente las ideas innatas: son aquellas que parecen haber venido con nosotros. Forman el contenido propio de la razón. Por ejemplo, las ideas matemáticas, las ideas de espacio, tiempo, causa-efecto y la idea de Dios.

La razón había sido puesta en duda por la hipótesis del genio maligno. Por lo tanto tampoco podríamos confiar en ella. Sin embargo entre todas ellas hay una idea que llama especial atención: la idea de Dios

-Demostración racional de la existencia de Dios, o argumento ontológico-

La idea de Dios es la de un ser perfecto. Si es perfecto, dice Descartes, no puede faltarle nada, ni siquiera la existencia. Por lo tanto -concluye- tiene que existir.

Además, es indudable que todos tenemos en nuestra mente la idea de Dios. Esta es una idea que traemos con nosotros (innata), no la sacamos del mundo exterior, no la derivamos de la experiencia. ¿Somos por lo tanto sus creadores? Esto es imposible, porque un ser imperfecto, como el ser humano, no puede haber creado uno perfecto.

Por otro lado, si es perfecto, debe ser bondadoso. Entonces no puede permitir que exista un genio maligno, único motivo para dudar de la razón.

Así Descartes afirma la verdad de las ideas innatas- racionales- y determina que del único conocimiento del que podemos estar seguros es el conocimiento racional, cuya verdad no está supeditada a nada.

Esta posición sobre el origen del conocimiento, que sostiene que la única fuente segura para conocer es la razón, recibe el nombre de racionalismo. Faltará poco para que alguien diga "lo real es racional" y "lo racional es real".


lunes, 4 de julio de 2016

Descartes


"Pienso, luego existo"


1596-1650


Fue un filósofo racionalista francés, considerado el padre de la modernidad. Combatió el escepticismo de su época buscando un método que le permitiera hallar una certeza, algo de lo cual no se pudiera dudar. Para ello utilizó la herramienta principal de sus rivales: la duda. 

Puso en duda sistemáticamente todas las cosas: desconfió de los sentidos, de la tradición, e incluso de la propia razón. Configuró una hipótesis que se convertiría en un mito, la hipótesis del "genio maligno": ¿qué pasaría si todo fuera un sueño creado por un genio malvado “no menos astuto y engañador que poderoso, que ha empleado toda su industria en engañarme"? se pregunta en una de sus famosas meditaciones metafísicas

Pero a diferencia de sus rivales, la duda era un método para llegar a alguna verdad, y la encontró: por mucho que me engañe el genio malvado -concluyó- hay algo de lo que no puedo dudar: "Pienso, existo!" 

Tras haber intuido esta verdad indudable dedujo una serie de ideas que le permitirían construir un sistema filosófico que incluía la existencia de Dios. De hecho es famoso su argumento racional de la existencia de Dios: “lo imperfecto no puede crear lo perfecto”. Además, esta idea innata que tenemos todos los hombres de Dios es perfecta, y la perfección incluye la existencia, por lo tanto Dios tiene que existir. 

Descartes invirtió el enfoque de la filosofía tradicional y buscó una verdad no fuera de él, en el mundo de los objetos, sino en la razón y el sujeto. A partir de allí la filosofía tomaría un nuevo rumbo: el idealismo. 

domingo, 3 de julio de 2016

El Idealismo

"¿Y si todo esto que vemos no fuera más que un sueño?... En los sueños y las alucinaciones también veo un mundo llenos de cosas que se mueven... ¿Cómo sé yo que todo este mundo que tengo ante mí no es una creación de mi mente? … ¿No son acaso los colores o los sonidos “efectos” que se generan en mi cerebro?... ¿Por qué no pensar que también las cosas, con sus volúmenes y sus movimientos, no sean más que imaginaciones mías?.


El gran filósofo Descartes, padre del idealismo moderno, sospechaba que todo lo que veía y pensaba podría ser un sueño o una creación de la mente y, por tanto, que lo único que existía con todas las garantías era la propia mente. Puedo pensar que nada de lo que veo o pienso existe de verdad (decía), pero al menos mi pensamiento sí que existe (porque no puedo pensar que no exista sin estar pensando). De ahí su famosa frase: "pienso, luego existo". Esto es el idealismo: toda realidad y certeza es, antes que nada, la realidad y la certeza de la propia mente. ¿Y el resto? ¡Dios lo sabe!... "

Victor Bermudez Torres (23 de enero de 2012) Que toda la vida es sueño, Historia de la Filosofía Para Cavernícolas),disponible en http://filosofiacavernicolas.blogspot.com.ar/2012/01/que-toda-la-vida-es-sueno.html



Goya, el sueño de la razón.

Guía de estudio filosofía; Educación adultos 2000,
Descripción del conocimiento

"El conocimiento supone siempre la existencia de dos elementos mutuamente vinculados: un sujeto y un objeto. El sujeto es quien conoce, el objeto es lo conocido. Sujeto y objeto no constituyen una unidad, aunque al mismo tiempo cada uno existe como tal sólo en función de su mutua relación. Una cosa sólo se convierte en objeto de conocimiento si hay alguien que lo conoce, es decir, un sujeto. Y sólo se podrá hablar de sujeto, cuando haya un objeto conocido por este.

Según la postura realista, el sujeto aprehende el objeto y el objeto es aprehendido por el sujeto. El sujeto sale de su propia esfera para tomar algo del objeto, aunque el objeto no se modifique ni pierda nada en esta aprehensión. El sujeto, en cambio, se ve enriquecido por una imagen, un concepto o una representación del objeto.

Esta descripción es sólo una de las posibles representaciones del conocimiento, la que prevaleció desde el origen de la filosofía, con los griegos, hasta fines de la edad media (¡más de veinte siglos!). Recordemos que para el realismo el mundo se refleja tal cual es en la mente del sujeto, como si esta fuera un espejo de la realidad.

Pero a partir de la modernidad esta teoría comenzó a recibir algunas críticas. Por ejemplo: ¿cómo sabemos que no hay modificación en el objeto cuando lo conocemos? ¿Cómo sabemos si lo que el sujeto se representa es una fiel imagen del objeto o si esta se deforma? ¿El sujeto, no modifica la realidad al comprenderla? En pocas palabras, ¿podemos conocer el mundo tal cuál es, o solo tenemos una visión subjetiva del mundo?

Como veremos, desde una postura idealista el objeto no es otra cosa más que la representación que el sujeto se hace de las cosas, un producto de su consciencia."



"El idealismo es la idea de que toda realidad es, antes de nada, una idea en mi mente. Uno puede pensar ingenuamente que el mundo se refleja tal cual es en su mente, como si esta fuera un espejo. O puede ser un poco más crítico y darse cuenta de que el mundo que vemos y pensamos es antes una visión o pensamiento que un mundo." (Victor Bermudez Torres)





Rusell; Los problemas de la filosofía, El idealismo

"La palabra idealismo es empleada por diferentes filósofos en un sentido algo distinto. Nosotros entenderemos por ello la doctrina según la cual todo lo que existe, o por lo menos todo lo que podemos conocer como existente, debe ser en cierto modo mental.

Los que no están acostumbrados a la especulación filosófica pueden inclinarse  a rechazar esta doctrina como evidentemente absurda. No cabe duda de que el sentido común considera las mesas y las sillas, el sol y la luna y los objetos materiales en general, como algo radicalmente diferente de los espíritus y del contenido de los espíritus y que tiene una existencia capaz de persistir aún cuando los espíritus desaparezcan. Pensamos que la materia ha existido mucho antes de que haya habido espíritus, y es muy difícil pensar que sea un simple producto de la actividad mental.


Pero verdadero o falso, el idealismo no puede ser rechazado como evidentemente absurdo.

Hemos visto que, aún si los objetos físicos tienen en efecto una existencia independiente, deben diferir en realidad mucho de los daos de los sentidos, y sólo pueden tener una correspondencia con los datos de los sentidos, análoga a la que un catálogo tiene con los objetos catalogados. De ahí que el sentido común nos deje en una completa oscuridad en lo que se refiere a la verdadera naturaleza intrínseca de los objetos físicos."




sábado, 2 de julio de 2016

Crisis de la Edad Media Y comienzo de la Modernidad

                                          
A partir del siglo XVI los saberes que la humanidad había venido construyendo van siendo cada vez más cuestionados. La ciencia aristotélica y el dogma cristiano comienzan a sufrir una profunda crisis a partir de los descubrimientos de la ciencia y del  panorama de nuevos hechos históricos. Estos cambios van a impactar profundamente en el pensamiento de los hombres modernos que comienzan a buscar nuevas verdades, nuevos fundamentos, y sobre todo, nuevos métodos que le permitan arribar a conocimientos seguros.

A continuación ofrecemos un fragmento de Manual García Morente, que explica la profundidad de los cambios que dieron comienzo a la época moderna para poner en contexto la obra de los primeros filósofos modernos.


Manuel García Morente; Lecciones preliminares de filosofía, Origen del Idealismo

"En primer lugar,  cabe destacar la destrucción de la unidad religiosa, las guerras de religión y el advenimiento al mundo del protestantismo. Las luchas entre los hombres por distintos credos religiosos, hacen tambalear la fe en una verdad única que uniese a todos los participantes en la cristiandad. Las guerras de religión son al mismo tiempo, síntoma de un cambio de actitud en los espíritus y causa de que ese cambio de actitud se haga cada vez más consciente y claro, más profundamente visible a los ojos del hombre de aquellos tiempos.

En segundo lugar, el descubrimiento de la tierra y del cielo. Los hombres descubren la tierra. Por primera vez se dan cuenta de lo que es la tierra; por primera vez un hombre da la vuelta al mundo y demuestra por el hecho la rotundidad del planeta. Cambia esto por completo la imagen que se tenía de la realidad terrestre. Este cambio conmueve toda la física de Aristóteles.

Pero además de haber descubierto la tierra, el hombre del siglo XVI descubre el cielo. El nuevo sistema planetario, que Kepler y Copérnico desenvuelven (heliocentrismo), cambia por completo también la idea que los hombres tenían de los astros y de su relación con la tierra. La tierra cesa ya de ser centro del universo; cesa de contener en sí en máximum de preeminencia antropomórfica; la tierra ahora es un planeta, y no de los más grandes, con una trayectoria; es un grano de arena perdido en la inmensidad de los espacios infinitos. El sistema solar es uno de tantos sistemas de que se compone la inmensidad del cielo; y la tierra en ese sistema solar ocupa un lugar secundario, periférico, que no es, ni mucho menos, la posición central única y privilegiada que los antiguos y Aristóteles le concedían (geocentrismo). He aquí también, con esto, otro caso que profundamente conmueve los cimientos de la ciencia aristotélica.

Estos hechos históricos –las guerras de religión, el descubrimiento de la rotundidad del planeta, el descubrimiento de la posición de la tierra en el universo astronómico– son otros tantos golpes terribles a la ciencia de Aristóteles."


Otros sucesos históricos como el descubrimiento de América (y el conocimiento de nuevas culturas y estilos de vida), la invención de la imprenta (que contribuyó a la disminución del analfabetismo y el acceso al conocimiento, posibilitando que se desarrollara una capacidad crítica frente a verdades que hasta entonces se creían inmutables), el fortalecimiento de la burguesía (rompiéndose definitivamente las relaciones vasallaje del feudalismo) y el progresivo distanciamiento entre poder político y poder religioso, pueden ayudarnos a comprender el espíritu de la época moderna.

"En este momento puede decirse que el saber humano entra en la crisis más profunda que ha conocido. Es éste uno de los casos más ejemplares en que se puede comprender de la manera más patente la historicidad del pensamiento humano, que lejos de ser algo que en la eternidad y fuera del tiempo subsiste siempre igual a sí mismo, está radical y esencialmente condicionado por el tiempo y por la historia."


Torre de Babel


viernes, 1 de julio de 2016

Algunas palabras sobre el conocimiento



La filosofía, entre el saberla y la ignorancia 

“Tengo para mí —dijo en cierta ocasión— que un pétalo de flor o un gusanito del camino dicen y encierran en sí mucho más que todos los  libros de la biblioteca. Con letras y palabras nada se puede decir.” 
Hermann Hesse

“La filosofía no se construye sobre saberes, sino sobre ignorancias. Quien cree saber no busca el saber. De este modo, cualquier persona está en condiciones de ingresar a la filosofía, no necesita acreditar saberes previos.” 
Gustavo Santiago, Intensidades Filosóficas 

"Es probable que ninguno de nosotros sepa algo de valor,
pero éste cree saber y no sabe, en cambio yo, en tanto,
efectivamente, no sé, tampoco creo saber.” 

Platón, Apología a Sócrates


"Para ser buscador de la verdad es necesario que al menos una vez en tu vida dudes, tanto como sea posible, de todas las cosas". Descartes

“Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar.” Kant


Si un hombre poseyera, como Dios, la verdad, la única verdad, y la dejara caer en sus manos, el mundo quedaría aniquilado inmediatamente.” Anatole France, El jardín de Epicuro 



La verdad, el conocimiento, el mundo.


“Si quieres alcanzar la paz del alma y la felicidad, entonces cree; pero si quieres ser un discípulo de la verdad, entonces investiga" Nietzsche

“Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando lo encuentras.” Heráclito

“¿Tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela" - Antonio Machado

"Despreocupados, irónicos, violentos—así nos quiere la sabiduría: es una mujer, ama siempre únicamente a un guerrero" Nietzsche

“En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento.” Nietzsche

“Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”. Koffka

"El mundo de las cosas y de los organismos, de los cuerpos celestes y de los elementos, no es nada más que nuestra representación, una apariencia en las almas individuales. No están las almas en el mundo, sino que el mundo está sólo en las almas." Berkely

“Hasta ahora se admitía que todo nuestro conocimiento tenía que regirse por los objetos. [...] Ensáyese pues una vez si no adelantaremos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento.” Kant, Crítica de la Razón Pura

“Lo que llamamos actualmente el mundo, es el resultado de multitud de errores y fantasías, que han nacido poco a poco en la evolución del conjunto de los seres organizados” Nietzsche, Sobre Verdad y Mentira.

“La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra él; acaso sea en esto en lo que más extraño suene nuestro nuevo lenguaje. La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida”. Nietzsche, Más Allá del Bien y del Mal



Los sentidos y la experiencia

“Todo lo que hasta el presente he tenido como lo más verdadero y seguro lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos: ahora bien, a veces he experimentado que esos sentidos eran engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez.” Descartes, Meditaciones Metafísicas.


"Supongamos, entonces, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda inscripción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega a tenerlas? ¿De dónde se hace la mente con ese prodigioso cúmulo, que la activa e ilimitada imaginación del hombre ha pintado en ella, en una variedad casi infinita? ¿De dónde saca todo ese material de la razón y del conocimiento? A esto contesto con una sola palabra: de la experiencia”. Hume, Investigación Sobre el Entendimiento Humano.


“Hay un engañador, muy poderoso y muy astuto, que emplea toda su industria en que me engañe siempre. No hay pues duda alguna de que existo, si me engaña; y que me engañe tanto como quiera, que nunca podría hacer que yo no fuera nada mientras yo piense ser algo.” Descartes, Meditaciones Metafísicas.


"Nuestro conocimiento surge de dos fuentes fundamentales del ánimo, de las cuales la primera es la de recibir las impresiones y la segunda la facultad de ordenar esas impresiones por medio de conceptos” Kant 

“El conocer no es una mera recepción sino también elaboración del sujeto” Kant 


Dios

“La idea de Dios, refiriéndonos a un ser infinitamente inteligente, sabio y bueno, surge de la reflexión sobre las operaciones de nuestra propia mente, y de aumentar sin límites aquellas cualidades de bondad y sabiduría”. Hume, Investigación Sobre el Entendimiento Humano.


“Ciertamente, yo hallo en mi su idea-es decir, la idea de un ser sumamente perfecto (…) y, por lo tanto, debería tener la existencia de Dios como algo tan cierto como hasta aquí he considerado las verdades matemáticas.” Descartes, Meditaciones Metafísicas.


“Tiene la Razón humana el singular destino, en cierta especie de conocimientos, de verse agobiada por cuestiones de índole tal que no puede evitarlas, porque su propia naturaleza las crea, y que no puede resolver, porque a su alcance no se encuentran.” Kant, Crítica de la Razón Pura.


“¿Cómo? ¿Es el hombre sólo un error de Dios? ¿O Dios sólo un error del hombre?”. Nietzsche, El Ocaso de los Ídolos


«¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Nietzsche, La Gaya Ciencia