jueves, 19 de julio de 2018

Camus, Lo absurdo y el suicidio


Por alguna razón el ser humano tiene la tendencia de buscar razones. Somos buscadores y dadores de sentidos. Pero, nuestra vida, ¿qué sentido posee?

Camus, un existencialista ateo, francés, del siglo XX, se abstuvo de buscar un sentido metafísico o religioso de la existencia. También advirtió que la ciencia poco puede ayudarnos en este asunto. En "El mito de Sísifo" al contrario de ofrecernos razones para vivir, nos revela el absurdo de nuestra existencia, y cómo a pesar del mismo, vivimos.  

A continuación el comienzo de este maravilloso ensayo:

El mito de Sísifo

"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras para el espíritu.

Si me pregunto en qué puedo basarme para juzgar si tal cuestión es más apremiante que tal otra, respondo que en los actos a los que obligue. Nunca vi morir a nadie por el argumento ontológico. Galileo, que defendía una verdad científica importante, abjuró de ella con la mayor facilidad del mundo, cuando puso su vida en peligro. En cierto sentido, hizo bien. Aquella verdad no valía la hoguera. Es profundamente indiferente saber cuál gira alrededor del otro, si la tierra o el sol. Para decirlo todo, es una cuestión baladí. En cambio, veo que muchas personas mueren porque estiman que la vida no vale la pena de vivirla. Veo a otras que, paradójicamente, se hacen matar por las ideas o las ilusiones que les dan una razón para vivir (lo que se llama una razón para vivir es, al mismo tiempo, una excelente razón para morir). Opino, en consecuencia, que el sentido de la vida es la pregunta más apremiante. ¿Cómo contestarla? (…)

Vivir, naturalmente, nunca es fácil. Uno sigue haciendo los gestos que ordena la existencia, por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone que se ha reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter irrisorio de esa costumbre, la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento.

¿Cuál es, pues, ese sentimiento incalculable que priva al espíritu del sueño necesario para una vida? Un mundo que se puede explicar incluso con malas razones es un mundo familiar. Pero, por el contrario, en un universo privado repentinamente de ilusiones y de luces, el hombre se siente extraño. Es un exilio sin recurso, pues está privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra prometida. Tal divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado, es propiamente el sentimiento de lo absurdo. (…)

Suele suceder que los decorados se derrumben. Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el "por qué" y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. (…)

Asimismo, y durante todos los días de una vida sin brillo, el tiempo nos lleva. Pero siempre llega un momento en que hay que llevarlo. Vivimos del porvenir: "mañana", "más tarde", "cuando tengas una posición", "con los años comprenderás . Estas inconsecuencias son admirables, pues, al fin y al cabo, se trata de morir. (…)"



martes, 17 de julio de 2018

Spinoza: sobre la felicidad y la tristeza.


Según Spinoza existen tres afectos primarios: el deseo, el gozo (o felicidad) y la tristeza. Sobre el deseo dice: 
"Deseo es Apetito con conciencia de sí mismo"
Es decir, cuando deseamos sentimos un apetito, al igual que los animales, pero a diferencia de ellos somos conscientes de este apetito. 

El gozo, o la felicidad, es un afecto que acrecienta nuestra potencia y es el verdadero bien

"Entiendo por bien todo tipo de gozo y lo que nos lleva a él"
 La tristeza, por el contrario disminuye nuestra potencia. 
"Cuando el hombre siente Tristeza disminuye su potencia de obrar"
Y por lo tanto la tristeza es el mal:
"El mal será entonces, toda forma de Tristeza, básicamente la que frustra la Esperanza"

Para Spinoza hay deseos buenos y deseos malos, según provengan y nos conduzcan a la felicidad o provengan y nos conduzcan a la tristeza. Por eso hay que "manejar" o "controlar" los deseos, lo mismo que las pasiones:
"Cuando el hombre no puede manejar o reducir sus pasiones es impotente y vive una servidumbre."

La felicidad es un afecto que puede provenir de nosotros mismos, pero la tristeza siempre viene de nuestro entorno. Ningún ser querría disminuir su potencia ni autodestruirse. 


Por eso, ante el sentimiento de tristeza Spinoza recomienda, por un lado concentrarse en lo que "podemos" y no en lo que "no podemos". La tristeza se retroalimenta a medida que nuestra sensación de poder disminuye. Por otro lado, si la tristeza proviene de nuestro entorno, entonces tenemos que cambiar de entorno y buscar contactos que nos afecten de modo positivo, que nos alegren. 


Una pasión solo puede ser frenada por otra pasión:

"Una pasión no puede limitarse o destruirse a no ser que actúe una de signo contrario y más poderosa que ella"
Por ejemplo, la única manera de terminar con el odio es el amor. El odio genera más odio. El amor en cambio, mata al odio:
"El odio crece si es recíproco, y muere si aparece el amor"
Además, dice Spinoza que el odio es una pasión que surge de y conduce a la tristeza:
"El odio es una tristeza acompañada por una causa externa"
Sentir odio no nos hace bien ni produce ningún bien, por lo tanto es una pasión que debemos evitar. ¿Cómo? Con la pasión contraria: el amor.




domingo, 15 de julio de 2018

¿Qué es el Bien? Síntesis de concepciones filosóficas

En primer lugar podemos entender al bien como sustantivo o como adjetivo (lo bueno). Generalmente el bien y lo bueno son conceptos relacionados y dependientes uno del otro. Lo bueno es aquello que participa del bien, o el bien es entendido como algo "bueno".

Si decimos, por ejemplo, "X es bueno", ya sea una cosa o una persona, podemos traducirlo como: es aceptable, es deseable, es útil, es perfecto (en su función). Por lo tanto una primera definición del bien, o lo bueno puede ser cualquiera de estas acepciones.

Pero si hacemos un recorrido por la historia de la filosofía podemos entender el bien de tres maneras distintas:

1) Al modo metafísico: como un ente real.
2) Al modo físico: como una propiedad de alguna cosa.
3) Al modo ético o moral: como un valor.

1) El bien como algo existente

Una de las formas más tradicionales de entender el bien, dentro de la historia de la filosofía es la definida por Platón y continuada por la gran mayoría de los filósofos medievales, cristianos y neoplatónicos. Según Platón el bien es una idea, esto es, un ente real y trascendente. Pero no cualquier idea, sino la idea superior, la más perfecta de todas, representada por el sol en la famosa alegoría de la caverna. El bien vendría a ser lo que ilumina las cosas. Las cosas son buenas en la medida en que participan de la idea de bien, en la medida en que son iluminadas. Cuanto menos participen del bien más cerca de las sombras, esto es, el mal. El mal es entendido entonces como falta de bien.


En la concepción cristiana la cosa es muy parecida, el bien solo es comparable a Dios, un ser perfecto y trascendente. Las cosas (las acciones, los hombres) pueden ser buenas en la medida en que son iluminados por Dios, pero jamás serán tan buenas, tan perfectas como Dios. Y en la medida en que se alejan de Él se acercan al mal. EN ambas concepciones el bien es una especie de perfección, y el mal una carencia, o imperfección.

2 A) El Bien como propiedad (objetiva)

Dentro de esta línea se encuentra Aristóteles, quien distingue el bien "en sí" del bien "relativamente para otra cosa". La salud sería algo bueno en sí mismo. Que te amputen una pierna podría ser bueno en determinada circunstancia, por ejemplo en el caso de que la pierna esté infectada. Esta amputación podría hacer que el cuerpo recupere la salud.

Para Aristóteles, a diferencia de Platón no existe un bien absoluto, cada cosa puede tener su bien. Pero al igual que la concepción anterior el bien de una cosa podría ser traducido como una especie de perfección. El bien del cuerpo, por ejemplo, puede ser la salud.

2 B) El Bien como propiedad (subjetiva)

Spinoza piensa al bien como algo que apetecemos, pero que de ningún modo puede ser objetivo, o "en sí", sino  subjetivo. En realidad Spinoza entiende que solo existe "lo bueno" y esto no es otra cosa que lo que conserva o aumenta mi potencia y promueve mi felicidad. Según Spinoza no deseamos algo porque lo consideramos" bueno", sino que lo consideramos "bueno" porque lo deseamos. Lo bueno, por lo tanto, no es una propiedad de las cosas sino del efecto  (o afecto) que produzcan en nosotros. Por eso también se dice que lo bueno no es trascendente (algo que está fuera de nosotros, que nos trasciende), sino algo que depende solo de nosotros (inmanente, interno a nosotros mismos)


2 C) El bien como propiedad (colectiva)

Dentro de esta línea "física" o "antimetafísica" podríamos incluir a Stuart Mill, para quien tampoco existe el bien ni algo bueno en sí mismo. Algo es considerado "bueno" en la medida en que promueva la felicidad "del mayor número de personas". Es decir, se define lo bueno por sus consecuencias. Estas consecuencias tienen que ser la felicidad, pero no individual, sino grupal; de la mayoría. Podríamos definir "lo bueno" por lo tanto como "el bien común". Si a la mayoría le produce felicidad o bienestar determinada cosa, eso es bueno. Claro que lo bueno para una mayoría puede ser malo para una minoría, pero dado que no hay nada bueno en sí mismo, el único modo para salir de un relativismo es apostar a un comunitarismo.


3) El bien como valor (universal) 

Kant critica toda concepción del bien entendida como propiedad o como cosa. Para Kant lo único bueno es "la buena voluntad". Más importante que las consecuencias son los principios por los que se realiza una acción. Si una acción  tiene en miras las consecuencias (la felicidad, el bien común, obtener un premio -como el paraíso- o evitar un castigo -como el del infierno-) no tiene valor ético. Solo tiene deben ser consideradas "buenas" las acciones hechas por deber. El bien supremo para Kant no es algo que se pueda obtener, sino "actuar bien", esto es "por deber" , actuar de acuerdo a un principio que yo pueda querer que sea universal. De ahí su crítica a las éticas "materiales" o "finalistas".


3B) El bien como valor (perspectivista)

En su libro La genealogía de la moral Nietzsche muestra como los conceptos de bueno y malvado fueron cambiando con el tiempo. En sus orígenes fue la moral aristocrática guerrera quien determinó qué era lo bueno y lo malvado, se llamaron "buenos" a sí mismos. Bueno era sinónimo de noble, distinguido. Eran "buenos" los fuertes, aquellos capaces de mandar, generalmente caprichosos, egoístas y olvidadizos. Por el contrario lo malvado era lo vulgar, lo plebeyo, lo bajo, lo simple.

Pero a partir de la "rebelión de los esclavos", la revolución llevada a cabo por el pueblo judío, triunfó una moral sacerdotal, la cual invirtió los valores y llamó buenos a los débiles de espíritu, a los no egoístas, los inofensivos, a los sufridos. Así comenzó a valorarse el desinterés, la piedad, la igualdad, el bien común, etc.

Según Nietzsche esta manera de valorar es fruto del resentimiento, porque mientras toda moral noble brota de un triunfante decir "si", la moral de esclavos crea valores a partir de un decir "no", que tiene la intención de impedir que otros hagan lo que ellos mismos no pueden. La moral sacerdotal tiene la virtud de esconder su venganza, su resentimiento y convertir sus bajezas en virtudes: la sumisión por obediencia, la cobardía en paciencia, el no poder vengarse en perdón.



lunes, 25 de junio de 2018

Irvin D. Yalom Un año con Schopenhauer



CAPÍTULO 34
Resultado de imagen para un año con schopenhauer
"De vez en cuando, el grupo presionaba a Philip para que explicara con más detalle cómo lo había ayudado tanto Schopenhauer allí donde la psicoterapia de Julius había fracasado rotundamente. Como le costaba mucho responder a preguntas sobre Schopenhauer sin explicar el necesario marco filosófico, una vez le pidió permiso al grupo para disertar media hora sobre el tema. El grupo refunfuñó, y Julius lo instó a presentar el material pertinente de manera más amena y sucinta.

A la siguiente sesión, Philip comenzó a dar una breve disertación que, según prometió, respondería de manera breve la pregunta sobre cómo lo había ayudado
Schopenhauer.
 Si bien tenía notas en la mano, habló sin mirarlas. Con la mirada fija en el techo,
comenzó:
-Imposible explicar a Schopenhauer sin empezar por Kant, el filósofo a quien, además de Platón, respetaba más que a ningún otro. Kant, que murió en 1804 cuando Schopenhauer tenía dieciséis años, revolucionó la filosofía con su idea de
que nos es imposible experimentar la realidad en ningún sentido verdadero
porque todas nuestras percepciones, los datos que obtenemos por medio de los
sentidos, son filtrados y procesados por nuestro aparato neuroanatómico. Todos
los datos resultan conceptualizados a través de construcciones arbitrarias, como el
espacio, el tiempo y...

-Vamos, Philip, sin tantas vueltas -lo interrumpió Tony-, ¿cómo te ayudó ese tipo?

-Un momento, ya voy a llegar. Estuve hablando tres minutos. Esto no es un
programa de noticias: no puedo explicar las conclusiones de uno de los más
grandes pensadores del mundo en dos palabras.

-¡Bien dicho, Philip! Me gustó la respuesta -dijo Roberta. Tony sonrió y se llamó a
silencio.

-Entonces, como decía, Kant descubrió que, en lugar de experimentar el mundo
exterior tal como es en realidad, lo que experimentamos es nuestra propia versión
procesada de esa realidad exterior. Las propiedades como el espacio, el tiempo, la
cantidad y la causalidad están dentro de nosotros, no afuera: se las imponemos a
la realidad. Pero, entonces, ¿cuál es la realidad pura y sin procesar? ¿Qué es lo que
realmente hay ahí afuera? ¿Qué es esa entidad en crudo, antes de que la
procesemos? Según Kant, eso siempre será incognoscible para nosotros.

-Schopenhauer... de qué te sirvió... ¿Recuerdas? ¿Falta mucho? -preguntó Tony.

-Toda la información dentro de noventa segundos. En su obra posterior, Kant
volcó su atención a la forma en que procesamos esa realidad primordial.
"Pero Schopenhauer, ¡miren, ya llegamos!, tomó otro camino. Según su
razonamiento, Kant había pasado por alto un tipo de dato fundamental e
inmediato acerca de nosotros: nuestro cuerpo y nuestros sentimientos. Decía que
sí podemos conocernos a nosotros mismos desde adentro. Tenemos un
conocimiento directo, inmediato, que no depende de nuestras percepciones. Por lo
tanto, fue el primer filósofo que observó los impulsos y sentimientos desde
adentro, y dedicó el resto de su carrera a escribir prolíficamente sobre las
cuestiones internas del ser humano: el sexo, el amor, la muerte, el sufrimiento, la
religión, el suicidio, las relaciones con los demás, la vanidad, la autoestima.
Abordó, más que ningún otro filósofo, esos impulsos oscuros que habitan en lo
profundo de nosotros y que nos resulta intolerable conocer, y por ende debemos
reprimir.

-Suena un poco freudiano -dijo Bonnie.

-A la inversa: mejor es decir que Freud es schopenhaueriano. Gran parte de la
psicología freudiana se puede encontrar en el pensamiento de Schopenhauer.
Aunque Freud nunca reconoció explícitamente su influencia, no cabe duda de que
conocía bien los escritos de Schopenhauer. En Viena, en la época en que Freud
estudiaba, entre 1860 y 1870, el nombre de Schopenhauer estaba en boca de todos.
Creo que sin Schopenhauer, jamás habría existido Freud... y, para el caso, tampoco
Nietzsche. De hecho, la influencia que Schopenhauer ejerció sobre Freud, sobre
todo en lo tocante a la teoría de los sueños, el inconsciente y el mecanismo de la
represión, fue el tema de mi tesis doctoral.

"Schopenhauer -continuó Philip, echando una rápida mirada a Tony y
apresurándose para evitar una interrupción- normalizó mi sexualidad; me hizo
ver la omnipresencia del sexo; cómo, en los niveles más profundos, era el motor
central de todo acto, permeaba todas las relaciones humanas y llegaba a influir
incluso en cuestiones de Estado. Creo que recité algunas de sus palabras sobre este
tema hace unos meses.

-Nada más que para confirmar lo que dices -intervino Tony-, el otro día leí en el
diario que la pornografía recauda más dinero que la industria de la música y la del
cine juntas. Una cantidad enorme.
-Philip -dijo Roberta-, puedo llegar a deducirlo, pero todavía no te escuché decir
exactamente cómo te ayudó Schopenhauer a superar tu compulsión o tú...
adicción. ¿Te parece bien que use esa palabra?

-Tendría que pensarlo; no sé si es el término más adecuado.

-¿Por qué no? A mí, lo que describiste me pareció una adicción -preguntó Roberta.

-Bueno, volviendo a lo que decía Tony, ¿vieron las cifras de hombres que miran
pornografía en Internet?

-¿Tú miras pornografía en Internet? -le preguntó Roberta.

-No, pero podría haberlo hecho en el pasado, igual que la mayoría de los hombres.

-Es cierto -dijo Tony-. Yo confieso que miro dos o tres veces por semana. La
verdad, no conozco a nadie que no lo haga.

-Yo también -dijo Gill-. Ésa es otra de las cosas que le molestan a Rose.
Todas las miradas se dirigieron a Stuart.

-Bueno, sí, mea culpa. Digamos que me he permitido mirar algo una que otra vez.

-A eso voy -dijo Philip-. ¿Así que todos son adictos?             

-Ah, ya te entiendo -dijo Roberta-. Y la pornografía no es lo único: también está la
epidemia de demandas por acoso sexual. En mi estudio defendí unas cuantas. El
otro día leí un artículo sobre el decano de una importante facultad de derecho que
tuvo que renunciar por una denuncia de acoso sexual. Y desde luego el caso
Clinton, y la forma en que han hecho acallar su potente voz. Y después, miren
cuántos de los fiscales que acusaban a Clinton hacían lo mismo que él.

-Todo el mundo tiene una vida sexual turbia -dijo Tony-; a lo mejor es
simplemente que los hombres son como son, nada más. Mírenme a mí y el tiempo
que pasé en la cárcel porque me puse demasiado insistente con Susie para que me
la chupara. Conozco como a cien tipos que hicieron cosas peores y no les pasó
nada. Por ejemplo, Schwarzenegger.

-Tony, no te estás granjeando la amistad del sexo femenino, o al menos la mía -dijo
Roberta-. Pero no quiero irme por las ramas. Continúa, Philip, que todavía no
llegaste a lo más importante.

-Primero y principal-prosiguió Philip sin vacilar-, en lugar de lamentarse por la
conducta depravada del sexo masculino, Schopenhauer entendió hace dos siglos la
realidad subyacente: el impresionante poder del impulso sexual. Es la más
fundamental de las fuerzas que operan en nuestro interior: el deseo de vivir, de
reproducirse, y es imposible aplacarla. No se la puede acallar con la razón. Se
desliza sigilosamente en todo. Miren, si no, el escándalo del sacerdote católico,
cualquier instancia del empeño humano, cada profesión, cada cultura, cada grupo
etario. Este punto de vista me pareció sumamente importante cuando me encontré
por primera vez con la obra de Schopenhauer: tenía ante mí a una de las mentes
más lúcidas de la historia y, por primera vez en la vida, me sentía totalmente
comprendido.

-¿Y? -preguntó Pam, que había permanecido en silencio durante la conversación.

-¿Y qué? -reaccionó Philip visiblemente nervioso, como siempre que le hablaba
Pam.

-¿Y qué pasó? ¿Nada más? ¿Con eso bastó? ¿Te recuperaste porque te sentiste
comprendido por Schopenhauer?

Philip pareció no percatarse de la ironía, y respondió en tono calmo y sincero:

-Pasó mucho más. Schopenhauer me hizo descubrir que estamos condenados a
girar perpetuamente en la rueda de la voluntad: deseamos algo, lo conseguimos y
disfrutamos de un breve instante de satisfacción, que pronto se diluye en el tedio,
el cual, invariablemente, se ve seguido del próximo "quiero". Es inútil intentar
escapar apaciguando el deseo; hay que bajarse de la rueda y abandonarla por
completo. Es lo que hizo Schopenhauer y lo que hice yo también.

-¿Bajarse de la rueda? ¿Y eso qué significa? -insistió Pam.

-Significa escapar totalmente del deseo, aceptar plenamente que nuestra
naturaleza más íntima es un ansia imposible de aplacar, que estamos programados
desde un principio para sufrir, y condenados por nuestra propia naturaleza.
Significa que primero debemos comprender la nada esencial de este mundo de
ilusión, y luego tratar de buscar la forma de negar la voluntad. Nuestra meta debe
ser, como lo ha sido la de todos los grandes artistas, habitar en el mundo puro de
las ideas platónicas. Algunos lo hacen a través del arte; otros, mediante el
ascetismo religioso. Schopenhauer lo hizo evitando el mundo del deseo,
comulgando con las grandes mentes de la historia, y mediante la contemplación
estética: tocaba la flauta una o dos horas todas las mañanas. Significa que uno
debe convertirse, no sólo en actor sino también en observador, reconocer la fuerza
de vida que existe en toda la naturaleza, que se manifiesta en la existencia
individual de cada persona y que, finalmente, recuperará esa fuerza cuando el
individuo ya no exista como entidad física.

"Yo imité su ejemplo al pie de la letra. Mis principales relaciones son las que
mantengo con los grandes pensadores que leo a diario. Evito atiborrar mi mente
con la cotidianeidad, y todos los días practico la contemplación jugando al ajedrez
o escuchando música; a diferencia de Schopenhauer, no sé tocar ningún
instrumento.                 

Julius estaba fascinado con el diálogo. ¿Acaso Philip no notaba el rencor de Pam ni
le tenía miedo a su ira? ¿Y qué decir de la forma en que había superado su
adicción? A veces, Julius se maravillaba de ella; más a menudo la consideraba
ridícula. Y oírlo comentar que leyendo a Schopenhauer se había sentido
comprendido por primera vez, había sido como una cachetada en plena cara. "¿Y
yo?" pensó Julius, "¿No importo un bledo? Trabajé tres años como un condenado
para tratar de comprenderlo y crear un lazo de empatía con él". Pero Julius se
quedó callado: poco a poco, Philip estaba cambiando. A veces, es preferible callar
algunas cosas y volver sobre ellas después."


https://se2862916df9e0dae.jimcontent.com/.../Irvin%20David%20Yalom-Un%20año%2..

domingo, 17 de junio de 2018

Recursos filosóficos on line


¿Qué es filosofía?
Bailando en el abismo


Darío Zstajnszrajber, ¿Para qué sirve la filosofía?



Origen de la filosofía griega, contexto historico. Filex
https://filex.es/historia/hftema2/1_un_nuevo_contexto_cultural_y_nuevos_problemas.html

Los sofistas, ¿perversos relativistas? Filex
https://filex.es/historia/hftema2/2_los_sofistas_perversos_relativistas.html

Sócrates

Filex.
https://filex.es/historia/hftema2/31_contra_el_relativismo_las_verdades_universales.html

El vuelo de Antares:
http://s278353421.mialojamiento.es/index.php/2012-04-16-19-24-21

Dos películas sobre Sócrates:

Sócrates, de Roberto Rossellini (1970)



Descalzo en Atenas




Platón,

Webdianoia (página web): https://www.webdianoia.com/platon/platon.htm

La alegoría de la caverna en "La educación prohibida":

https://www.youtube.com/watch?v=92_A-Q8Cd9M

Programa "Mentira es la verdad"


Educatina:



La teoría del conocimiento en Aristóteles. Historia de la filosofía para cavernícolas
http://historiadelafilosofiaparacavernicolas.blogspot.com/2018/01/la-teoria-del-conocimiento-de.html

Descartes

Webdianoia: la primera verdad: "pienso, existo"
https://www.webdianoia.com/moderna/descartes/desc_cogito.htm

Filex
https://filex.es/index.php/aula-de-filosofia/h-filosofia/la-filosofia-moderna-racionalismo-y-empirismo?showall=&start=8

El vuelo de antares
http://s278353421.mialojamiento.es/index.php/descartes

Mentira es la verdad, las Meditaciones metafísicas




Empirismo

Historia de la filosofía para cavernícolas (blog)
http://historiadelafilosofiaparacavernicolas.blogspot.com/2017/03/el-empirismo-o-de-como-reducir-todo.html

Kant

Webdanoia:
https://www.webdianoia.com/moderna/kant/kant_fil_conoc.htm

Fiolosofía fácil
http://www.filosofiafacil.com/10.%20Kant.pdf

Luna Pineda (esquema de pensamiento)


Educatina



El idealismo
http://historiadelafilosofiaparacavernicolas.blogspot.com/2018/02/que-es-el-idealismo.html?m=1


Nietzsche

Angel Cataño (Angelus Novus- blog)
http://jacgmur.blogspot.com/2011/04/nietzsche-materiales-didacticos.html
Para descargar en pdf:
https://nanopdf.com/download/tema-6-nietzsche-1844-1900-critica-a-la-tradicion-occidental_pdf

Luna Pineda



Marx

Luna Pineda



Mentira es la verdad


Fragmento de la película "Un rey en Nueva York"





lunes, 16 de abril de 2018

Frases filosóficas acerca de la muerte



“La vida es una continua resistencia al vacío de la muerte. Vivir es resistir. Si lo otro de la vida es la muerte, cada fragmento de vida es una pequeña batalla ganada a la muerte. Nuestra singularidad surge de la multiplicidad de nuestras muertes. Vencemos la muerte del niño que fuimos, de las relaciones que ya no son, de la lozanía, de la belleza, de la plenitud. El negativo de mi vida es todas mis muertes.”
                                                  Esther Diaz


“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.”
                                                                             Camus, El Mito de Sisifo 

“Si el hombre no tuviese conciencia eterna; si un poder salvaje y efervescente productor de todo, lo grandioso y lo fútil, en el torbellino de las oscuras pasiones, no fuese el fondo de todas las cosas; si bajo ellas se ocultase el vacío infinito que nada puede colmar, ¿qué sería la vida sino desesperación?”                                                         
                              Kierkegaard, Temor y Temblor

“En Roma, conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes.”
                                                                                             Borges, El Inmortal

“Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito”
Schopenhauer, Metafísica de la Muerte
                 
“Yo había de ser el protagonista de la verdadera muerte, la más auténtica e importante, la muerte de la que todas las demás muertes no serían más que ensayos dolorosos. ¡Mi muerte, la de mi yo! ¡No la muerte de los «tú», por queridos que fueran, sino la muerte del único «yo» que conocía personalmente! Claro que sucedería dentro de mucho tiempo pero... ¿no me estaba pasando en cierto sentido ya? ¿No era el darme cuenta de que iba a morirme -yo, yo mismo- también parte de la propia muerte?”.
Savater, Las preguntas de la vida

“En todas partes y en todos los tiempos la religión ha servido para dar sentido a la muerte. Si la muerte no existiese, no habría dioses: mejor dicho, los dioses seríamos nosotros, los humanos mortales, y viviríamos en el ateísmo divinamente...”
Savater, Las preguntas de la vida

“Otras religiones posteriores, como la cristiana, prometen una existencia más feliz y luminosa que la vida terrenal para quienes hayan cumplido los preceptos de la divinidad (por contrapartida, aseguran una eternidad de refinadas torturas a los que han sido desobedientes). Digo «existencia» porque a tal promesa no le cuadra el nombre de «vida» verdadera. La vida, en el único sentido de la palabra que conocemos, está hecha de cambios, de oscilaciones entre lo mejor y lo peor, de imprevistos. 
Savater, Las preguntas de la vida


“Descubrí que a la gente de hoy se le enseña a negar la muerte, y se les enseña que no significa otra cosa que aniquilación y pérdida. Eso quiere decir que la mayor parte del mundo vive o bien negando la muerte o bien aterrorizado por ella. El mero hecho de hablar sobre la muerte se considera morboso, y muchas personas creen que el solo hecho de mencionarla es correr el riesgo de atraérsela. Otros contemplan la muerte con un buen humor ingenuo e irreflexivo, pensando que, por alguna causa desconocida, la muerte les irá bien y que no hay por qué preocuparse.”

Sogyal Rimpoché, El Libro tibetano de la vida y la muerte

“El ritmo de nuestra vida es tan acelerado que lo último en que se nos ocurriría pensar es en la muerte. Sofocamos nuestro miedo secreto a la impermanencia rodeándonos de más y más bienes, de más y más cosas, de más y más comodidades, hasta que nos vemos convertidos en sus esclavos. Necesitamos todo nuestro tiempo y toda nuestra energía simplemente para mantenerlos. Nuestra única finalidad en la vida pronto se convierte en conservarlo todo tan seguro y a salvo como sea posible.”
                           Sogyal Rimpoché,  El Libro tibetano de la vida y la muerte

Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación! 
                                                                                                           Montaigne

Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. [...] No sabemos dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo” 

                                                                                                 Montaigne

 “En su opinión, el amor y el goce carnal eran lo único que podía dar calor y valor a la vida. (…) El rápido, fugaz, maravilloso entendimiento del deleite amoroso, su fuego breve y abrasador, su rápido apagarse... Todo esto le parecía contener la raíz de toda experiencia, todo esto se convirtió para él en símbolo de toda la alegría y de todo el dolor de la vida. Podía entregarse a aquella tristeza y a aquel espanto de la transitoriedad con el mismo fervor que al amor, y esa melancolía era también amor, era también carnalidad. Así como el goce erótico, en el instante de su máxima y más dichosa tensión, sabe que inmediatamente después se desvanecerá y morirá de nuevo, así también la íntima soledad y la melancolía sabían que serían tragados súbitamente por el deseo, por una nueva entrega a la faceta luminosa de la vida. La muerte y la carnalidad eran la misma cosa”.

Hermann Hesse, Narciso y Goldmundo


Decíase que tal vez la raíz de todo arte y quizás también de todo espíritu fuera el temor a la muerte. La tememos, nos horroriza la transitoriedad, vemos con tristeza como las flores se mustian y las hojas caen una y otra vez, y en el propio corazón sentimos la certidumbre de que nosotros somos transitorios y de que no tardaremos en marchitarnos.

Hermann Hesse, Narciso y Goldmundo

¿Llegaría asimismo a marchitarse y perder todo valor este dolor de hoy, esta desesperación que sentía por la muerte del maestro y porque hubiese fenecido aborreciéndolo y por no tener un taller donde saborear la dicha de crear y librar el alma de su carga de imágenes? Sí, también este dolor, esta acerba congoja, envejecerían, se fatigarían, sin duda, también los olvidaría. Nada perduraba; tampoco el pesar.

Hermann Hesse, Narciso y Goldmundo