Aristóteles y el Motor Inmóvil
En el mundo hay cosas que se mueven. Ahora bien, según el principio de causalidad, todo lo que se mueve es movido por otra cosa. Por lo tanto, si lo que mueve a otro es también movido, es necesario que otro lo mueva. Pero esta serie de motores no puede ser infinita, porque de otro modo no habría comienzo. Por esto Aristóteles llega a la conclusión de que debe existir una causa incausada, un primer motor que no sea movido por nadie, un motor inmóvil. Motor porque pone en movimiento, e inmóvil porque no es movido. Por ello el motor inmóvil es comparado con Dios ya que él es el primero y no es sustentado por nadie sino por él mismo. Ese Ser, sin embargo, no aparece como creador del mundo, porque según Aristóteles el mundo es eterno.
Santo Tomás y las cinco vías
Descartes y el argumento ontológico
"Por el nombre de Dios entiendo una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente y por la cual yo mismo y todas las otras cosas que existen (si es verdad que existe alguna) han sido creadas y producidas. Ahora bien, estas excelencias son tan grandes y tan eminentes que, cuanto más atentamente las considero, menos convencido estoy de que la idea que tengo de ellas pueda tener su origen sólo en mí. Y, en consecuencia, hay que concluir necesariamente de todo lo que he dicho anteriormente que Dios existe."
El concepto de Dios implica la perfección. Ahora bien, a la perfección no puede faltarle nada, entonces ¿cómo puede un ser perfecto carecer de existencia? Si Dios es perfecto tiene que existir. Esa Idea que tengo en mi mente de un Dios único, perfecto, todopoderoso, no solo existe en mi mente, sino que existe en sí misma, es real, tan real como yo o el resto de los seres.
Hume y el escepticismo
"¿Y es posible, Cleantes, dijo Filón, que después de todas estas reflexiones y de infinitas más que podrían sugerirse, sigas perseverando en tu antropomorfismo y asegures que los atributos morales de la Deidad, su justicia, benevolencia, generosidad y rectitud son de la misma naturaleza que esas virtudes tal y como se dan en las criaturas humanas? Concedamos que su poder es infinito; todo lo que Él quiere, se hace. Pues bien: como ni el hombre ni ningún animal son felices, hemos de concluir que Él no quiere su felicidad. Su sabiduría es infinita; jamás se confunde al elegir los medios que le llevan a un fin determinado. Pero ocurre que el curso de la Naturaleza no tiende a la felicidad del hombre o del animal; por lo tanto, no ha sido establecida para este propósito. No hay en toda la gama del conocimiento humano unas inferencias que sean más ciertas e infalibles que éstas. ¿En qué sentido, por tanto, puede decirse que su benevolencia y generosidad se asemejan a la benevolencia y generosidad de los hombres? Las viejas preguntas de Epicuro están todavía sin respuesta: ¿Es que quiere evitar el mal y es incapaz de hacerlo? Entonces, es que es impotente. ¿Es que puede, pero no quiere? Entonces es malévolo. ¿Es que quiere y puede? Entonces, ¿de dónde proviene el mal?"
"Por dos causas pecamos: o por no ver aún lo que debemos hacer, o por no hacer lo que ya vemos no se debe hacer; lo primero es mal de ignorancia; lo segundo, de flaqueza."
Este conocimiento que el hombre logra no es absoluto, no lo conforma nunca por completo, no satisface sus más íntimas propensiones. La experiencia, en efecto, nos da siempre conocimiento de algo condicionado, es decir, en función de condiciones o limitaciones; por ejemplo, conocemos un hecho cuando logramos determinar su causa, pero esta causa a su vez es efecto de otra causa, y ésta de otra, y así sucesivamente. Y es fácil entonces darse cuenta de que jamás hallaremos fin, dentro de la experiencia, a la serie de las condiciones. La serie de las causas o condiciones, dentro de la experiencia, es una serie infinita. De este modo el entendimiento, por su propia naturaleza, se ve llevado a realizar síntesis cada vez más amplias, a buscar condiciones cada vez más vastas, hasta que llega un momento en que salta más allá de todo lo que la experiencia nos da, y aun más allá de todo lo que puede darnos. Es entonces cuando la razón produce tres ideas que Kant llama trascendentales: la idea de alma -como síntesis máximas de la experiencia interior-, la idea de mundo -como síntesis máxima de todo lo externo-, y la idea de Dios -como síntesis máxima de todo lo existente-. ¿Pero podemos conocer alguna de estas ideas? No, pero tampoco las podemos negar: “¿De dónde y cómo puede uno deducir, por medio de la pura especulación de la razón, la evidencia de que no existe un ser supremo como fundamento primero de todo…? "
Nietzsche: "Dios ha muerto"
Al revés de Descartes, Nietzsche piensa que Dios es solo un concepto, una idea creada por algunos hombres con el fin de dominar a otros hombres. Pero ¿cómo pudo esta fábula volverse una firme creencia? ¿Cómo puede la ficción volverse realidad? En El Ocaso de los Ídolos podemos leer:
Lo postrero se confunde con lo primero, y lo primero es siempre la voluntad. Tanto el paraíso cristiano, como el fabuloso mundo platónico son ficciones que llegaron a considerarse reales.
“La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa; consiste en confundir lo postrero con lo primero. Ponen al principio como principio, lo que es lo último, desgraciadamente: los conceptos más altos, o sea los más generales, los conceptos más vacíos, la última presunción de la realidad que se oscurece. Y ésta es sólo la expresión de su manera de honrar; lo más alto no puede salir de lo más bajo; en general, no puede ser madurado… Moraleja: todo lo que es de primer orden debe ser considerado causa sui. Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto Dios”
"Matar a Dios significaría desautorizar todo aquello que pretenda colocarse por encima del hombre para, desde allí, ejercer su control" (Gustavo Santiago, Intensidades filosóficas)
Comprender que Dios ha muerto significa comprender que no existe ninguna realidad asequible al hombre más que la que él mismo se crea. Por eso Nietzsche nos recuerda:
“«¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado?» —así gritaban y reían todos alborotadamente.
Se reflejan en la frase la desesperación y el sufrimiento de quién creía y ha perdido la fe, quien se siente desengañado como si despertara de un largo sueño. Muerto Dios no hay nadie que nos diga que hacer ni cómo. Ya no existe la tabla de valores que nos marcaba el bien y el hay mal. Tampoco hay paraíso, ni hay razón para soportar el dolor que es la vida. No hay camino. La noticia es trágica.
Sin embargo, si Dios ha muerto, entonces el concepto cristiano de hombre también ha muerto. El concepto del hombre como un ser caído, un ser desobediente y pecaminoso que necesita de la gracia para redimirse. Un ser que ha de ser juzgado y, quizá, castigado. Ese concepto ya no es relevante. Muerto Dios han explotado todos los viejos dogmas. Somos libres. Pero ¿Qué es ser libre? ¿Quiere decir esto que está todo permitido?










