viernes, 7 de agosto de 2015

La ética del Utilitarismo: ¿el fin justifica los medios?

El utilitarismo fue propuesto originalmente durante los siglos XVIII y XIX en Inglaterra por Jeremy Bentham y su seguidor John Stuart Mill.



La postura utilitarista dice que se actúa bien si se lo hace de acuerdo a un fin, y este no puede ser otro que la felicidad. Pero no la felicidad individual (lo que nos sumiría en un egoísmo sin salida) sino en la felicidad colectiva. Mejor actuaremos cuando nuestra acción contribuya con la felicidad del mayor número de personas.  

“El credo que acepta como fundamento de la moral la Utilidad, o el Principio de mayor Felicidad, mantiene que las acciones son correctas en la medida en que tienden a promover la felicidad, incorrectas en cuanto tienden a producir lo contrario a la felicidad. Por felicidad se entiende el placer y la ausencia de dolor, por infelicidad el dolor y la falta de placer.”
Esta postura ética sostiene que el placer y la exención del sufrimiento son las únicas cosas deseables, ya sea por el placer inherente a ellas mismas o como medios para la promoción del placer y la evitación del dolor. Es debido a esto que ha sufrido fuertes críticas, al punto de que a los primeros filósofos que la sostuvieron eran calificados irónicamente como “cerdos”. El fundamento de la crítica era el siguiente:
“si una persona actúa bien solo cuando busca placer y evita el dolor, esa persona se guía como lo hacen los animales. Un hombre que se contente en refregarse en fango y comer hasta el hartazgo sería un hombre “bueno”, o moralmente correcto”.
A esta crítica Stuart Mill responde de la siguiente manera:


“Los seres humanos poseen facultades más elevadas que los apetitos animales, y una vez que son conscientes de su existencia no consideran como felicidad nada que no incluya la gratificación de aquellas facultades.”
En efecto, existen varias clases de placeres, algunos son más elevados que otros porque implican una destreza mental, una preparación, una ejercitación, algún tipo de conocimiento. Por otro lado, algunos placeres son más durables que otros, y esto también los hace más valiosos. 

Un ejemplo que implica ambas condiciones de superioridad (duración y destreza): el placer de saciar la sed se termina tan pronto como se sacia la sed, y no se precisa de ningún tipo de conocimiento ni preparación alguna para disfrutarlo. En cambio el placer por la lectura requiere un conocimiento y un esfuerzo mayor, pone en juego un complejo de actividades mentales y sus efectos se prolongan más allá del tiempo de lectura, incidiendo incluso en nuestra manera de concebir el mundo o en nuestro modo de conducirnos en la vida.
“Los seres humanos poseen facultades más elevadas que los apetitos animales, y una vez que son conscientes de su existencia no consideran como felicidad nada que no incluya la gratificación de aquellas facultades.”
En efecto, existen varias clases de placeres, algunos son más elevados que otros porque implican una destreza mental, una preparación, una ejercitación, algún tipo de conocimiento. Por otro lado, algunos placeres son más durables que otros, y esto también los hace más valiosos.

Otra manera para decidir que placer es más valioso que otro es el siguiente: Mill dice que si le preguntamos a una persona que no conoce algún tipo de placer, como por ejemplo, ayudar a las otros, y en cambio está acostumbrada a actuar de manera egoísta, mirando solamente el propio interés, esta nos dirá que esto es lo mejor. Pero si le preguntamos a una persona habituada a los dos placeres va a saber decirnos, con fundamentos cuál de los dos es mejor.
“Ningún ser humano inteligente admitiría convertirse en un necio, ninguna persona culta querría ser ignorante, ninguna persona con sentimientos y conciencia querría ser un egoísta y depravada, aún cuando se la persuadiera de que el necio, el ignorante o el sinvergüenza pudieran estar más satisfechos con su suerte que ellos con la suya (…) Un ser con facultades superiores necesita más para sentirse feliz, probablemente está sujeto a sufrimientos más agudos, y ciertamente los experimenta en mayor número de ocasiones que un tipo inferior. Sin embargo, a pesar de los riesgos, nunca puede desear hundirse en lo que él considera que es un grado más bajo de existencia (…)"

"Es indiscutible que el ser cuyas capacidades de goce son pequeñas tiene más oportunidades de satisfacerlas plenamente; por el contrario, un ser muy bien dotado siempre considerará que cualquier felicidad que pueda alcanzar, tal como el mundo está constituido, es imperfecta. Pero puede aprender a soportar sus imperfecciones, si son en algún modo soportables. Imperfecciones que no le harán envidiar al ser que, de hecho, no es consciente de ellas, simplemente porque no experimenta en absoluto el bien que hace que existan imperfecciones. Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo contento.”


¿Qué es mejor, ser un ser humano insatisfecho o un cerdo contento?



jueves, 6 de agosto de 2015

Los cínicos


«Diogenes sentado en su tinaja», cuadro de Jean-Léon Gérôme (1860).


Antístenes y Diógenes

El cinismo es una postura filosófica que originó un tal Antístenes, un filósofo muy peculiar que supo ser discípulo del sofista Gorgias y luego paso a la fila de seguidores de Sócrates. Nació en Atenas, entre los años -450 y -445 y murió en al año -366. Fue el prototipo de sabio austero y solitario, con una confianza radical en el ser humano individual y una desconfianza total en las instituciones de cualquier clase. Fue uno de los filósofos más relevantes de su época, tanto por sus teorías, como por su actitud y su forma de vida. Tuvo a  una influencia decisiva en algunas de las escuelas que se formaron en este periodo, como la estoica, fundada por uno de sus seguidores: Zenón de Citio.

Pero fue a través de otro de sus discípulos que el cinismo ganó fama y admiración, se llamaba Diógenes y lo apodaban Kyon (que en griego quiere decir "perro") debido a su forma extravagante de vivir, sumamente austera, comparable quizás a la de un linyera; se dice que vivía en un tonel y satisfacía sus necesidades donde le apetecía.

Cuando Diógenes llegó a Atenas, quiso ser discípulo de Antístenes, pero fue rechazado por este ya que no admitía discípulos, y ante su insistencia Antístenes le amenazó con su bastón. Pero Diógenes le dijo: "no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir". Antístenes se dio cuenta de que estaba ante un hombre especial y decidió entonces aceptarlo como discípulo. 

Muy pronto Diógenes llevó al extremo las enseñanzas de su maestro y se convirtió en una de las figuras más sobresalientes de la Atenas del siglo V, por su talento para la ironía y sus controvertidas. Mucha gente viajaba a Atenas solo para conocerle. Es conocido que Alejandro Magno, cuando estuvo en la ciudad, pidió conocerlo, y su encuentro pasó a la historia. Alejandro quería saber si eral tal como se decía, que era incorruptible, fiel a sus ideas, y probó tentar al filósofo: “Pídeme lo que quieras”, le ofreció en público, a lo que nuestro filósofo contestó “apártate que me tapas el sol.”




Una filosofía de vida

Así como existieron la Academia  y el Liceo, en los casos de Platón y Aristóteles, y el Jardín, en el caso de Epicuro, Antístenes habría de elegir para dictar sus lecciones un espacio en las afueras de la ciudad, un lugar lindero a los cementerios, en lo alto de una colina. De modo que la escuela cínica vio luz en los suburbios, lejos de los barrios ricos, un espacio destinado a los excluidos, a aquellos que el orgullo griego había dejado de lado.

Sin embargo, eran la plaza pública, el mercado, los lugares más concurridos los que elegían los cínicos para realizar sus discursos, entablar diálogos o simplemente denunciar con sus acciones la hipocresía de la sociedad.

Los cínicos afirmaban que la civilización, con todos sus problemas, era algo artificial y antinatural y que debía considerarse con desprecio. Proponían en consecuencia un retorno a la vida natural, que ellos equiparaban a una existencia simple, y afirmaban que la felicidad completa sólo puede lograrse a través de la autarquía, la auto-suficiencia, ya que la independencia es el verdadero bien y no las riquezas o la lujuria.

Es por eso que, a semejanza de los perros, comían en la plaza pública, negándose a la ceremonia de comer en horarios, en lugares establecidos y según hábitos y costumbres estrictas. También se comportaban como perros para satisfacer sus necesidades sexuales con la misma espontaneidad que saciaban su hambre, a la vista de todos, bajo el horror de los paseantes. Se cuenta que un día Diógenes, mientras se masturbaba en público dijo: "si solamente pudiera poner fin a mi hambre y mis necesidades frotando así mi vientre..."

Al igual que los perros vivían en la calle, dormían a la intemperie, bajo las estrellas o dentro de un tonel. Los cínicos hacían de la sencillez una virtud. De ahí la invitación al desprendimiento y el repudio a lo ostensivo.

Para los cínicos la meta del ser humano, el bien supremo, era la autarquía, es decir, la autosuficiencia, el bastarse a sí mismo, la total independencia, tanto externa como interna. “El sabio se caracteriza por una aptitud singular para inventar nuevas posibilidades de vida que contrastan con las que ofrecen el hábito y la convención”, dice Michen Onfray en su libro Cinismos. Se trata de buscar una moral plenamente emancipada y por ello, necesariamente, antisocial, pues la sociedad no permite un individuo plenamente independiente, antes al contrario, nos modela y socializa hasta convertirnos en lo que necesita que seamos.

La sociedad, por una parte, complica enorme­mente la satisfacción de las necesidades más primarias por medio de infinidad de convenciones, reglas y usos, y por otra, convierte al ser humano en esclavo de nuevas necesidades perfectamente superfluas. Algo que podemos ver perfectamente en la actualidad, gracias al avance tecnológico, era ya denunciado por los cínicos cuatro siglos antes de Cristo. En ese momento no existían celulares, ni teléfonos ni redes sociales, no existía la propaganda, ni la televisión ni ropa de distintas marcas. Mujeres, hombres, ¡y hasta niños! Son cada vez somos menos dueños de sí mismos gracias a estas falsas necesidades que los obligan a tener un buen trabajo para poder pagarlas. Pero no solo se necesita dinero, sino también prestigio, éxito, fama, etc. Contra todas estas cosas se oponen los cínicos, por atentar contra la naturaleza humana que solo puede desarrollarse en libertad.

El principio ético que los cínicos siguen para lograr esta libertad es simple: renuncia a lo social, desapégate de esas falsas necesidades, seguí los dictados de la naturaleza, lleva una vida sencilla, austera, lo más parecido a un animal, porque en el fondo, no somos otra cosa. No debemos dejarnos guiar por convenciones, usos y costumbres, sino solo por nuestra naturaleza. "El único medio de conservar el hombre su libertad es estar siempre dispuesto a morir por ella", decía Diógenes. Con lo cual, parafraseando a Sócrates podríamos decir: “una vida sin libertad no merece ser vivida”

Como vemos, además de ser estrafalarios, los cínicos tenían su propia visión del mundo y sobre todo su propio modo de entender y vivir la vida. Michel Onfray dice:

"Tras la causticidad de Diógenes y su intención de provocar, percibimos una actitud filosófica seria, tal como puede haber sido la de Sócrates. Si se dedicó a hacer caer una tras otra las máscaras de la vida civilizada y a oponer a la hipocresía en boga las costumbres del 'perro', ello se debe a que Diógenes creía que podía proponer a los hombres un camino que los condujera a la felicidad".

En efecto, uno de los rasgos que diferencia al cinismo de otros movimientos es precisamente la importancia que dan a la ascesis, la práctica y el ejercicio continuo, tanto mental como físico,  para alcanzar la autosuficiencia y un estado de ánimo que les libere de los imprevistos y les endurezca para permanecer impasibles ante "adversarios existenciales" como el hambre, el frío o la pobreza. Se cuenta que con este fin Diógenes se abrazaba a los postes congelados en invierno, y se revolcaba en la arena caliente en verano.

Aunque los cínicos no constituyeron estrictamente una escuela filosófica, atrajeron la atención por sus excentricidades y por su insolencia, pero también por la defensa de la naturaleza humana y la profunda crítica a la civilización. Sus enseñanzas fueron tomadas por los Estoicos, e incluso aún hoy se los recuerda. Vivieron como predicaron, y predicaron con el ejemplo.






Historias de Diógenes




Un día Aristipo, consejero del rey, lo vio a Diógenes comiendo un plato de lentejas. Aristipo se acercó y le dijo: "Diógenes, si trabajaras para el rey, no tendrías que comer lentejas". Diógenes, sin dejar de masticar le contestó: "si comieras lentejas no tendrías que ser consejero del rey".

Se cuenta también en una ocasión,  mientras viajaba en un barco, el mismo fue atacado  por unos piratas.  Los sobrevivientes fueron vendidos como esclavos. Pero el comportamiento de Diógenes era totalmente natural, llamaba la atención por su humor y su falta de preocupación. Cuando llego su turno le preguntaron: "¿y tú, qué es lo que sabes hacer? entonces Diógenes sonriente respondió: "yo se mandar, pregunta a algunos de estos  que si quiere comprarse un amo". Nadie salía de su asombro. Sin embargo un hombre muy bien vestido pagó el precio estipulado, este hombre era llamado Gemíades. Diógenes se encargó por años de su ascienda, de la educación de sus hijos y las costumbres de su casa.

En cierta ocasión  le invitaron a una lujosa mansión, para algunos hablar con Diógenes era una especie de pasatiempo. Al llegar a la casa su dueño le advierte: "ten cuidado Diógenes, en esta casa no se escupe en el suelo, mira lo brillante y reluciente que esta todo, es una casa digna, hay que tener respeto y cuidado de ella". Acto seguido Diógenes le encaja un escupitajo en pleno rostro.  Todos se quedan paralizados, nadie sabe que decir. Entonces Diógenes se justifica diciendo: "no he encontrado lugar más sucio para hacerlo".
En un banquete algunos le echaron huesos, como si fuera un perro: Diógenes, comportándose como un perro, orinó allí mismo.

En otra ocasión, gritó: “¡Hombres a mí!” Al acudir una gran multitud les despachó golpeándolos con el bastón: “Hombres he dicho, no basura”.

Se comportaba de modo terriblemente mordaz: echaba pestes de la escuela de Euclides, llamaba a los diálogos platónicos pérdidas de tiempo; a los juegos atléticos dionisíacos, gran espectáculo para estúpidos; a los líderes políticos, esclavos del populacho.

Proclamaba que los dioses habían otorgado a los hombres una vida fácil, pero que éstos lo habían olvidado en su búsqueda de exquisiteces, afeites, etc. Por eso, a uno que estaba siendo calzado por su criado, le dijo: “No serás enteramente feliz hasta que tu criado te suene también las narices, lo que ocurrirá cuando hayas olvidado el uso de tus manos”.

Observando cierta vez un niño que bebía con las manos, arrojó el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: “Un niño me superó en sencillez.» Asimismo se deshizo de su escudilla cuando vio que otro niño, al que le se había roto el plato, recogía sus lentejas en la cavidad de un pedazo de pan”



La mayor fuente sobre las anécdotas de Diógenes se encuentran en el famoso libro de Diógenes Laercio: “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos ilustres”, escrito en el siglo III. Otro libro muy completo sobre los cínicos es el del filósofo francés Michel Onfray, “Cinismos, relato de los filósofos llamados perros” De allí extraemos esta última cita:


“Hoy es perentorio que aparezcan nuevos cínicos: a ellos les correspondería la tarea de arrancar las máscaras, de denunciar las supercherías, de destruir las mitologías y de hacer estallar en mil pedazos los bovarismos generados y luego amparados por la sociedad.”




El vuelo de Antares y Héroes del Pensamiento nos ofrecen la vida de Diógenes de Sinope:




Pepe Mujica, un verdadero cínico




Alex supertramp, un cínico moderno

 Into the Wild (Hacia rutas salvajes)




Fuentes:

https://nocturnoginer.files.wordpress.com/.../unidad-6-teorias-eticas.doc
Michel Onfray, Cinismos.

Para leer más sobre el cinismo:


Los Estoicos

¡Domínate y aguanta! 


Este era el lema de la escuela estoica, fundada en Atenas por Zenón de Citio (336-264 a.C.). El nombre de la escuela procede del término griego stoa, que significa "pórtico". Al parecer, Zenón impartía sus enseñanzas bajo el "pórtico pintado" del ágora ateniense. Las ideas del filósofo griego tuvieron un gran éxito siglos más tarde y entre persona­lidades de las clases sociales más dispares: esclavos como Epicteto, filósofos y políticos romanos como Séneca y el emperador Marco Aurelio.

Se cree que Zenón era de origen fenicio, hijo de un comerciante, razón por la cual realizaba muchos viajes con fines comerciales. En uno de esos viajes llegó a Atenas, y hojeó en una librería "Los Memorables" de Jenofonte. Entusiasmado por la obra preguntó dónde podía encontrar hombres tan notables como los mencionados en el libro. Crates el cínico pasaba justamente por allí, y el librero se lo mostró, diciéndole: "no tienes más que seguirlo". Desde entonces Zenón habría seguido las lecciones de Crates.

Según otra tradición, Zenón consultó al oráculo preguntando cuál era mejor tipo de vida, y recibió como respuesta que tuviera trato con los muertos, lo que Zenón hizo enseguida poniéndose a leer los antiguos.

Sea cierta o no esta segunda anécdota, lo cierto es que fue discípulo de Creates y también siguió las lecciones de Estilpón, el megárico y del platónico Jenócrates.

Recién a los cuarenta y dos años Zenón comienza a enseñar y funda su escuela en el pórtico de la ciudad. Pronto los discípulos de Zenón fueron apodados "estoicos" (stoa). Allí hizo rápidas amistades y fue respetado por todos. Vivía modestamente, era sobrio y discreto. No cobraba por sus lecciones como sucedía con los sofistas, por lo cual acudía gente sencilla, gente de pueblo. 

Diógenes Laercio, el famoso historiador griego, nos dice en su obra "Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres": 

"Estaba rodeado de amigos medio desnudos y andrajosos. Timón se burlaba de él  por eso. Arrastraba una nube de miserables que eran los más indigentes".

Asimismo tenía relación amistosa con el rey de Macedonia, siendo invitado a los banquetes reales pese a su carácter no dado a los placeres.

Si bien escribió varias obras, no se ha conservado ninguna. Al morir Zenón dejó a cargo de la escuela estoica a Cleantes, un discípulo que no se caracterizaba por su inteligencia, pero en cambio tenía la costumbre de tomar nota minuciosamente de todos sus dichos.



Algunas frases de Zenón 

“Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una boca para enseñarnos que vale más oír que hablar.”

"Ninguna pérdida debe sernos más sensible que la del tiempo, puesto que es irreparable."

"La fortuna quiere que tenga yo mayor libertad para filosofar".

“No hay viento favorable para el que no sabe adónde va."



A la muerte de Cleantes Crisipo se hizo el conductor de la escuela, respetado por todos por su elocuencia y su capacidad para la dialéctica (discusión racional). Se enfrentó a los filósofos de la Nueva Academia y del Liceo, lo que le valió el apodo de " el cuchillo que corta  los lazos académicos"

A Crisipo siguieron otros menos recordados, hasta que el estoicismo llegó a Roma, donde se convirtió en una de las corrientes filosóficas más importantes y flexibles. Tal es así que permitió tanto al esclavo Epicteto, como al ilustre Séneca o al Emperador Marco Aurelio pasar a la historia de la filosofía como sus máximos representantes.



La naturaleza, Dios, la libertad y el destino.

De acuerdo con esta corriente filosófica, la Naturaleza entera se halla gobernada por el Lógos. El logos es la ley que rige el cambio de las cosas. Según los estoicos el cosmos tiene un orden, es racional. Y el sabio estoico puede acceder a sus secretos en cuanto también es un ser racional. Eso se debe a que el logos se encuentra en todas las cosas.

Los estoicos no creían en un Dios tal como lo concebimos hoy en día,  un Dios como el que propone el cristianismo, un dios que crea el mundo, que se mantiene separado de él, que interviene según su capricho. Para los estoicos Dios es el mundo; cada uno de sus elementos y cada uno de sus seres forma parte de él y está regido por sus leyes. De ahí la apasionante idea que tenían del destino.

Aun cuando la vida nos pueda parecer absurda, sin sentido, en realidad todo es absolutamente racional, sólo que responde a una razón que a veces no logramos comprender. Existe una gigantesca armonía entre cada una de nuestras acciones y el todo, es más, nuestras acciones, así como los sucesos de la naturaleza, son el devenir necesario de ese “todo” que los estoicos identifican con Dios.

Dice Jean Brun al respecto:

“El destino aparece así como un nudo de causas, o sea un orden y una conexión que jamás pueden ser forzados ni transgredidos (…) El destino es una realidad natural inscripta en la estructura del mundo, una disposición inmutable en el orden de las cosas”

 Esta concepción de un cosmos dotado de un principio rector e inteligente desemboca en una visión determinista del mundo donde nada azaroso puede acaecer. Es por eso que los estoicos han reflexionado mucho sobre la libertad. Siendo que todo está determinado, o bien la libertad no existe, o no es otra cosa que la aceptación del destino. Solo quien conoce y acepta su destino puede ser libre. Dice Epicteto:

"La libertad consiste en desear que las cosas ocurran, no como a ti te agradarían, sino como ellas ocurren."

El sabio estoico comprende el desarrollo de las cosas, y sabe que no hay mayor infelicidad que estas sucedan contrariamente a nuestros deseos. Es por eso que para prevenir futuras desilusiones o contrariedades es imprescindible saber orientar nuestros deseos. En ello radica nuestro mayor bien y nuestro deber. Si aprendemos a "vivir de acuerdo con la naturaleza”, o a “las leyes del destino”, si aceptamos los hechos, sabiendo que todo tiene su causa y su razón de ser, entonces nos moveremos plácidamente por la corriente de este rio que es la vida.



La sabiduría estoica


Los estoicos predican la libertad interior y la sumisión a la razón. Cada hombre  debe preocuparse solo de lo que de él depende, o sea de sus opiniones, de sus deseos o inclinaciones. En cuanto a las cosas que no dependen de nosotros, nada puede detenerlas  ni constituir para ellas un obstáculo; debemos aceptarlas tal como sucede y no aspirar en modo alguno a que ocurran de acuerdo con nuestros deseos.

El necio, el dominado por las pasiones, es quien cree que la libertad del hombre consiste en desear que todo ocurro de acuerdo con sus deseos. Pero para los estoicos la libertad consiste en desear que las cosas ocurran como deben ocurrir, porque hay una razón para ello. El sabio es libre, inclusive cuando está encadenado, porque hace lo que de él depende y permanece firme y tranquilo respecto a lo que escapa a su poder.

Así lo explica Epicteto:

"Estoy obligado a embarcarme ¿qué debo hacer? Elegir bien el barco, el piloto, los marineros, la estación, el día, el viento, todo lo que depende de mi. Cuando estoy en pleno mar sobreviene una fuerte tormenta. Esto ya no es asunto mío, es cuestión del piloto. El barco se hunde: ¿qué debo hacer? hago lo que de mi depende: ni grito, ni me atormento. Sé que todo lo que ha nacido debe morir, esta es la ley general. Es necesario, pues, que yo muera."

En conclusión, el sabio estoico sabe vivir conforme con el desarrollo de las cosas, en armonía con los acontecimientos, sin exasperarse, sin impacientarse, siempre tranquilo y en paz consigo mismo y el resto de los seres. El sabio sabe qué cosas depende de él y que cosas no. Sabe cuándo debe actuar y cuando debe resignarse. Todo aquello que no depende de nosotros, que no podamos cambiar, no debe preocuparnos; solo nos ocasionan dolor y nos estancan en acciones vanas.



La ataraxia y la apatía



Aquel estado supremo al que aspira el estoico es definido como ataraxia, que podría traducirse como imperturbabilidad. Ante los distintos embates que pueda ofrecernos la vida, como la pérdida de un ser querido, o el fruto del amor, tanto el éxito y la fama como la pobreza, la injusticia o los golpes de la fortuna, ante todo lo bueno y lo malo que nos suceda, debemos manteneros imperturbables.


También debemos ser imperturbables ante la tiranía nuestros instintos y pasiones. Todo aquello que provenga de nuestra interioridad sin pasar por la razón, nos llevan a querer cosas que no podemos tener o que a la larga terminan haciéndonos mal, ya sea por la imposibilidad de mantenerlas, por miedo a perderlas o tener que dejarlas ir. Por lo tanto el Estoicismo hace de la abstinencia una virtud. Quien no desea no sufre. La virtud moral se logra realmente cuando el hombre consigue eliminar completamente sus pasiones: el dolor, el temor, el deseo que nos encadena, las emociones que nos arrastran. Los estoicos llamaron apátheia o apatía a esta suerte de dominio o de control racional sobre las propias pasiones. El resultado será la ataraxia: la serenidad, la tranquilidad del espíritu, de la conciencia y del ánimo. 



El estoicismo en Roma

Séneca, (4 a.C.-65 d.C.)
                       Séneca

Como se dijo, el estoicismo comenzó a expandirse y llegó a convertirse en la corriente filosófica más importante de Roma. Uno de los filósofos más importantes fue Séneca, debido a la gran cantidad de obras que escribió, y que se han podido conservar. Séneca no solo fue filósofo sino también político. Se dice que tenía un don para la oratoria y que atraído por sus discursos el emperador Claudio lo mandó a llamar y le confió la educación de su hijo, Nerón.

Cuando Claudio muere, envenenado por una de sus mujeres, Agripina, su hijo Nerón se convirtió en emperador, siendo aún muy joven (solo tenía 16 años). Séneca  pasó a ser su consejero y era tal el poder que tenía sobre el joven que prácticamente mandaba él sobre Roma.

Sin embargo con el tiempo Séneca se ganó la  enemistad de Nerón, quien  preveía un complot en su contra y veía enemigos en todas partes. Tal es así que mandó a a asesinar, entre otras personas, a su madre, Agripina. Finalmente Séneca  murió, por orden de él, abriéndose las venas.

La obra de Séneca es relativamente abundante; abarca diálogos, consolaciones, cartas y tragedias.


Algunas frases del filósofo:



  • “Teméis todas las cosas como mortales, y todas las deseáis como inmortales”
  • “No nos espante el dolor; o tendrá fin o acabará con vosotros.”
  • “La vida es como una pieza teatral; no importa cuánto haya durado sino cuán bien haya sido representada.”
  •  “El hombre feliz no es el hombre que ríe, sino aquel cuya alma, llena de alegría y confianza, se sobrepone y es superior a los acontecimientos.”
  • “El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio.”
  • “El gobierno más difícil es el de uno mismo.”
  • "Es mucho más importante que te conozcas a ti mismo que darte a conocer a los demás"
  • “La tristeza, aunque esté siempre justificada, muchas veces sólo es pereza. Nada necesita menos esfuerzo que estar triste”
  • “La razón trata de decidir lo que es justo. La cólera trata de que sea justo todo lo que ella ha decidido”
  • “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.”
  • “La recompensa de una buena acción está en haberla hecho.”

Para saber más sobre la vida de Séneca:
http://cibernous.com/autores/seneca/teoria/biografia.html




Epicteto fue un esclavo nacido en Frigia. Los azares de los mercados de esclavos lo llevaron a Roma donde lo compró un hombre muy malvado llamado Epafrodito. Por medio de este conoció a Nerón, quien sintió una gran simpatía por el esclavo, a quien consideró "una de las personas más inteligentes que había conocido". Su amo se sintió tan humillado que quiso vengarse. y le aprisionó un pie en un borceguí de tortura, con el objeto de que  el estoico gritara, obligándolo así a traicionar su "impasibilidad". "Me vas a romper la pierna", le advirtió Epicteto, pero Epafrodito continuó hasta que el drama se produjo. Entonces Epicteto se limitó a añadir: "te había prevenido, acabas de romperme la pierna".

Al igual que Sócrates nunca escribió un libro, sin embargo uno de sus discípulos llamado Arriano recogió sus conversaciones, de las que solo se conservan los cuatro primeros libros, y extrajo de allí una serie de pensamientos conocida conocida con el nombre de "Manual de Epicteto"


Algunas frases del filósofo:

  • “El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos”.
  • “No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz.”
  • “La felicidad no consiste en desear cosas sino en ser libre.”
  •  “No nos perturban las cosas sino las opiniones que de ellas tenemos.”
  •  “No olvides que eres actor en una obra, corta o larga, cuyo autor te ha confiado un papel determinado. Y ya sea este papel el de mendigo, príncipe, cojo o de simple particular, procura realizarlo lo mejor que puedas. Porque si ciertamente no depende de ti escoger el papel que has de representar, sí el de representarlo debidamente.”
  • “¿Quieres dejar de pertenecer al número de los esclavos? Rompe tus cadenas y desecha de ti todo temor y todo despecho.”
  •  “Si tu razón, que es quien ordena todos tus actos, está desordenada, ¿quién la ordenará?”
  •   “¡Cuán ciego e injusto eres! En ti está no depender más que de ti mismo, y te esfuerzas en depender de un millar de cosas que te son ajenas y que te alejan de todo verdadero bien”
  • “Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza.”




A los doce años Marco Aurelio (121 - 180 d. C.) ya vistía el mato estoico, adoptando su sobrio modo de vida. En su famoso libro Pensamientos confiesa haber leído el Manual de Epicteto. Sin saberlo este hombre, educándose con las enseñanzas de un esclavo llegaría a ser emperador.

La gran obra de Marco Aurelio, Pensamientos, o Meditaciones, fue escrita en griego helenístico durante las campañas de la década de 170, son doce libros que constituyen una especie de diarios íntimos donde el autor reflexiona con sigo mismo.





Un fragmento de Meditaciones:

"En un instante no serás más que ceniza, un esqueleto, un nombre, o ni siquiera un nombre. Y el nombre es solo un ruido, un eco. Lo que tanto estimamos en la vida solo es podredumbre, pequeñez y vacío: perros que muerden, niños que pelean, que ríen, que enseguida lloran... ¿Qué es lo que te retiene en el mundo? Las cosas sensibles están sujetas a mil cambios y no son nada sólidas; los sentidos solo tiene percepciones oscuras, llenas de falsas imágines; la fuerza vital misma es un vapor de la sangre; y si piensas en lo que son los hombres, nada es gloria. ¿Qué esperas pues? esperas con calma el instante en que vas a desaparecer, quizá a cambiar de sitio. ¿Qué necesitas mientras tanto?¿Te  hace falta otra cosa que honrar y alabar a los dioses, hacer bien a los hombres, saber soportar y abstenerte? Recuerda que todo lo que se haya más allá de los límites de tu cuerpo y de tu espíritu no es tuyo ni está bajo tu poder"


Algunas frases del filósofo:
          
  • “Si no conviene, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas. Sé dueño de tus inclinaciones”.
  • “Realiza cada una de tus acciones como si fuera la última de tu vida.”
  • “No obres como si fueras a vivir mil años; obra como si el fin estuviera muy cerca.”
  • “El arte de vivir se asemeja más a la lucha que a la danza.”
  • “En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma.”
  • “El tiempo es como un río que arrastra rápidamente todo lo que nace.”
  • “Acuérdate en adelante, cada vez que algo te contriste, de recurrir a esta máxima: que la adversidad no es una desgracia, antes bien, el sufrirla con grandeza de ánimo es una dicha.”


            
                       Resistir como un estoico


Escena final de la película "Corazón Valiente"


               
             "Gladiador" se enfrenta a su destino




    
            Mensaje de Rocky Balboa a su hijo







Bibliografía:

Jean Brun, El Estoicismo, Editorial Universitaria de Bs AS, 1977

Paginas sugeridas:

http://lamenteesmaravillosa.com/los-estoicos-y-su-filosofia-de-vida/

http://es.wikihow.com/ser-estoico ¿Cómo ser un estoico? (Un poco de humor)

http://fama2.us.es/fde/ocr/2007/manualDeEpicteto.pdf

sobre Crispo:



miércoles, 5 de agosto de 2015

El Hedonismo y el culto a los placeres

   
Epicuro (341-281 a. C.) fundó en las afueras de Atenas una escuela conocida como  “El Jardín”, la amplitud de sus ideales era tal que hasta incluso se  admitían mujeres y esclavos. Se cuenta que en los jardines, además de estudiar filosofía, se realizaban orgías y grandes banquetes, donde la gente comía, bebía y saciaba todos sus deseos. Las enseñanzas que el filósofo impartía en sus jardines  estaban orientadas a aprender “un modo de vida” y fueron tan importantes que generaron una corriente filosófica conocida hasta hoy con el nombre de Hedonismo.


Martes y Venus, Botticelli     


El placer y la felicidad         

Los hedonistas juzgaban el conocimiento en función de su utilidad, para ellos la búsqueda de la verdad por la verdad misma carecía de sentido, de nada sabía saber si no era para llevar una buena vida. Pero ¿qué es una buena vida? ¿Una vida digna? ¿Una vida moderada? ¿Una vida Regida por las normas y las creencias? Nada de eso, el único fundamento de la moral, la única razón por la cual los hombres actúan bien es para ser felices ¿Pero qué es la felicidad? Según Epicuro no es otra cosa que el placer:

 “El placer  es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma.”

El hombre solo es feliz cuando disfruta, cuando goza, y es infeliz cuando siente dolor. Lo único que guía nuestros comportamientos es la búsqueda del placer y el alejamiento del sufrimiento. Por eso las enseñanzas de Epicuro estaban dirigidas a guiar a los hombres en sus decisiones para que lleven una vida dichosa, llena de placeres y lo más alejada posible del dolor. Y para eso no se precisa demasiado, solo saber disfrutar de las pequeñas cosas, pues “a quien no contenta lo pequeño, nada le contentará.”


La juventud de Baco, Willam Bouguereau

       Los cuatro temores

Sin embargo, disfrutar no es tan sencillo. Para poder disfrutar hay que saber  liberarse de ciertos temores (prejuicios, tabúes, supersticiones) que generalmente son fomentados por las élites que nos gobiernan con el fin de someternos mansamente. Esos son: el miedo a los dioses, el temor a la muerte, la aterradora idea del “destino”, y el miedo al futuro.

Según Epicuro no podemos confiar en lo que relatan los poetas acerca de los dioses ni en lo que el vulgo repite acerca de ellos. Lo que suele decirse acerca de ellos nos atemoriza y coarta nuestra libertad y nuestra espontaneidad para disfrutar la vida. Suponiendo que los dioses existan y sean tan poderosos como se supone, ¿por qué razón se ocuparían estos de nosotros? ¿Qué necesidad tendrían de premiar o castigar nuestras acciones e intervenir en asuntos de tan  poca importancia? Este temor a lo que los dioses puedan hacer en respuesta a nuestro comportamiento es una superstición. Sin embargo, esto no significa que Epicuro niegue la existencia de los dioses (cosa que le podría haber costado la vida, como le sucedió a Sócrates) sino que solo niega el saber humano acerca de ellos y el temor infundado a sus intervenciones. Por eso dice:

 “¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.”

En segundo lugar, tampoco debemos temerle a la muerte, ya que nada sabemos del más allá. “La muerte es una quimera –dice Epicuro- porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.”

No solo sobre el hombre teorizaban los hedonistas, también tenían una visión del mundo y de la naturaleza. A diferencia de la tradición racionalista griega, creían que la naturaleza no estaba regida por leyes necesarias,  sino por el azar. Despreciaban el ideal estoico de "destino", para realzar la libertad de acción. Sin embargo tampoco creían en que todo depende de nuestra voluntad. Si pensamos que todo está escrito no tendríamos libertad, pero si pensáramos que todo depende de nosotros, esto nos llevaría a preocuparnos demasiado por el futuro. El temor al futuro, principalmente al dolor que este pueda traer, nos llevaría a la moderación y finalmente a la renuncia. Quien vive pendiente del futuro renuncia al presente. Por eso Epicuro dice:


“Conviene recordar que el futuro ni está enteramente en nuestras manos, ni completamente fuera de nuestro alcance”




El Jardin de las Delicias, El Bosco


La razón, la moderación y el placer “pulsante”

Los hedonistas eran muchas veces mal vistos a causa de su libertinaje, al  punto de ser calificados como “cerdos” ya que una vida dirigida por los placeres no debía diferir a la de un animal. Sin embargo, los epicúreos, aquellos hedonistas que se aferraban a las ideas originales de su maestro, entendían el placer de un modo sutil, alejado del sensualismo y el desenfreno.

Existen distintas clases de placeres, decía Epicuro. Hay placeres que son más placenteros que otros, hay placeres que con el tiempo traen consecuencias negativas, hay placeres que duran más y placeres que duran menos, y al mismo tiempo cada placer tiene su costo. Los placeres espirituales, por ejemplo, son más difíciles de alcanzar, pero deben ser privilegiados ante los sensibles, ya que son más duraderos.

Gustavo Santiago en su libro Intensidades filosóficas explica:

“Un vaso de vino produce placer. Si el placer estuviera dado por el vino en sí mismo, quienes viven en estado de ebriedad serían los seres más felices (...) Pero Epicuro ve que esto no es así. Quien se habitúa a aquello que las primeras veces le produjo un placer intenso  deja de sentirlo. “

Pensar en un estado permanente de placer es imposible. Por eso Gustavo Santiago dice que el placer el “pulsante”; lo que nos hace sentir placer es la diferencia (el salto) entre un estado de necesidad y un estado de saciedad.

No siente el  placer del calor de una estufa quien no haya sufrido frio. No siente el placer de comer quien esté saciado. “Para vivir placeres intensos es necesario  que la brecha entre el estado previo y la situación posterior sea  lo mayor posible.”(GS)

Por lo tanto, la razón y la moderación juegan un rol importantísimo en la búsqueda del placer. Jamás debemos habituarnos a aquello que nos provoca placer, porque de otro modo se volvería cada vez menos intenso.

En síntesis, que nuestra vida sea mejor cuanto más disfrutemos y menos conozcamos el sufrimiento, no significa que debamos lanzarnos de cabeza ante el primer placer que se cruce por nuestro camino. Para esto sirven la razón y la experiencia, para evaluar qué placer es más conveniente, para saber si un placer momentáneo no nos acarreará luego un dolor mayor. La persona sabia es justamente aquella que sabe hacer el "cálculo" y sabe qué placeres disfrutar y hasta dónde.

El ideal hedonista es disfrutar al máximo, pero sin por ello volvernos esclavos de nuestros deseos. Si aprendemos a desear lo que tenemos y a no desear lo que no podemos tener, si conseguiremos sentirnos bien con nosotros mismos, íntimamente, disfrutando de lo que la naturaleza nos ofrece, lograremos cierto equilibrio, y aunque la felicidad no sea constante, si al menos, será más intensa.





Frases de Epicuro

              

“¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.” 

“El más grande fruto de la autosuficiencia es la libertad.” 

“Nada le bastará a aquel que no tiene bastante con poco.” 

“Así como el sabio no escoge los alimentos más abundantes, sino los más sabrosos, tampoco ambiciosa la vida más prolongada, sino la más intensa.” 

“El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.” 

“La filosofía es una actividad que con discursos y razonamientos procura la vida feliz.” 

"Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio." 

"Límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo dolor. Donde exista placer, por el tiempo que dure, no hay ni dolor ni pena ni la mezcla de ambos". 

"Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía." 

"Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer".



                  Epicuro, por Darío Sztajnszrajber





Bibliografía:
Nocturnoginer, Unidad VI Ética
Gustavo Santiago; Intensidades Filosóficas, Epicuro

https://nocturnoginer.files.wordpress.com/.../unidad-6-teorias-eticas.doc

El hedonismo en la modernidad:
http://sobreelrockandroll.blogspot.com.ar/2013/09/el-hedonismo.html

http://www.webdianoia.com/helenismo/epicuro_obr.htm
Las obras de Epicuro

http://www.xtec.cat/~lvallmaj/barriant/epicur/epi-1me2.htm
Un paseo por el Jardín de Epicuro



                                             

Dorian Gray y el culto a los sentidos





El culto de los sentidos ha sido censurado con frecuencia y con mucha justicia, porque al ser humano su naturaleza le hace sentir un terror instintivo ante pasiones y sensaciones que le parecen más fuertes que él, y que es consciente de compartir con formas inferiores del mundo orgánico. Pero Dorian Gray consideraba que nunca se había entendido bien la verdadera naturaleza de los sentidos, que habían permanecido en un estado salvaje y animal sencillamente porque el mundo había tratado de someterlos por el hambre y matarlos por el dolor, en lugar de proponerse convertirlos en elementos de una nueva espiritualidad, en la que el rasgo dominante sería un admirable instinto para captar la belleza. Al contemplar el camino recorrido por el ser humano desde los albores de la historia, le dominaba un sentimiento de pesar. ¡Eran tantas las capitulaciones! ¡Y con tan escasos resultados! Se habían producido rechazos insensatos, formas monstruosas de mortificación, de autotortura, cuyo origen era el miedo y su resultado una degradación infinitamente más terrible que la degradación imaginaria de la que el ser humano, en su ignorancia, había tratado de escapar. La naturaleza, utilizando su maravillosa ironía, empujaba al anacoreta a alimentarse con los animales salvajes del desierto y al ermitaño le daba por compañeros a las bestias del campo.

Sí; tenía que haber, como lord Henry había profetizado, un nuevo hedonismo que recreara la vida, que la salvara de ese puritanismo tosco y violento que está teniendo en nuestra época un extraño renacimiento. Un hedonismo que utilizaría sin duda los servicios de la inteligencia, pero sin aceptar teoría o sistema alguno que implicara el sacrificio de cualquier modalidad de experiencia apasionada. Su objetivo, efectivamente, era la experiencia misma y no los frutos de la experiencia, tanto dulces como amargos. Prescindiría del ascetismo que sofoca los sentidos y de la vulgar desvergüenza que los embota. Pero enseñaría al ser humano a concentrarse en los instantes singulares de una vida que no es en sí misma más que un instante.

Son muy pocos aquellos de entre nosotros que no se han despertado a veces antes del alba, o después de una de esas noches sin sueños que casi nos hacen amar la muerte, o de una de esas noches de horror y de alegría monstruosa, cuando se agitan en las cámaras del cerebro fantasmas más terribles que la misma realidad, rebosantes de esa vida intensa, inseparable de todo lo grotesco, que da al arte gótico su imperecedera vitalidad, puesto que ese arte bien parece pertenecer sobre todo a los espíritus atormentados por la enfermedad del ensueño. Poco a poco, dedos exangües surgen de detrás de las cortinas y parecen temblar. Adoptando fantásticas formas oscuras, sombras silenciosas se apoderan, reptando, de los rincones de la habitación para agazaparse allí. Fuera, se oye el agitarse de pájaros entre las hojas, o los ruidos que hacen los hombres al dirigirse al trabajo, o los suspiros y sollozos del viento que desciende de las montañas y vaga alrededor de la casa silenciosa, como si temiera despertar a los que duermen, aunque está obligado a sacar a toda costa al sueño de su cueva de color morado.

Uno tras otro se alzan los velos de delicada gasa negra, las cosas recuperan poco a poco forma y color y vemos cómo la aurora vuelve a dar al mundo su prístino aspecto. Los lívidos espejos recuperan su imitación de la vida. Las velas apagadas siguen estando donde las dejamos, y a su lado descansa el libro a medio abrir que nos proponíamos estudiar, o la flor preparada que hemos lucido en el baile, o la carta que no nos hemos atrevido a leer o que hemos leído demasiadas veces. Nada nos parece que haya cambiado. De las sombras irreales de la noche renace la vida real que conocíamos. Hemos de continuar allí donde nos habíamos visto interrumpidos, y en ese momento nos domina una terrible sensación, la de la necesidad de continuar, enérgicamente, el mismo ciclo agotador de costumbres estereotipadas, o quizá, a veces, el loco deseo de que nuestras pupilas se abran una mañana a un mundo remodelado durante la noche para agradarnos, un mundo en el que las cosas poseerían formas y colores recién inventados, y serían distintas, o esconderían otros secretos, un mundo en el que el pasado tendría muy poco o ningún valor, o sobreviviría, en cualquier caso, sin forma consciente de obligación o de remordimiento, dado que incluso el recuerdo de una alegría tiene su amargura, y la memoria de un placer, su dolor.

-Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray